Lo que comenzó como un derrame de hidrocarburo en los primeros meses del año se ha convertido, según pescadores de Alvarado, Veracruz, en una crisis que nadie en el gobierno quiere reconocer oficialmente, pero que se siente con dureza en cada lancha que regresa sin suficiente producto.
Jaime Santiago Rojas, presidente de la Federación de Sociedades Pesqueras y Cooperativas de Alvarado, señaló que las especies más importantes han escaseado de forma significativa, justo en temporadas en las que deberían abundar o mantenerse en niveles promedio.
"Muy mal, muy mal, muy mal; no hay peto, no hay sierra, ha habido un poco de robalo pero de temporada nada más, porque estamos en plena temporada de robalo, se acaba de levantar la veda también, ha habido poco pero muy poco, la pesca relativamente mal, mal".
El peto y la sierra, dos de las especies más comerciales y cotizadas en los mercados de la región, prácticamente han desaparecido de las redes. El robalo, cuya temporada está activa y cuya veda se levantó recientemente, aparece en cantidades tan reducidas que no alcanzan para hablar de una temporada productiva real.
Los pescadores están convencidos de que el daño al ecosistema marino no se limita a la costa veracruzana, sino que se extiende por todo el Golfo de México, a consecuencia de la contaminación por petróleo que se registró hace varios meses.
"Claro que ha influido, claro que sí, claro que ha influido y ha influido en todo el Golfo, no nada más aquí en los 750 kilómetros de litoral que tiene Veracruz, no, ha influido en todo el Golfo de México el desastre del derrame del petróleo, nos ha pegado muy feo, muy feo, pero ni hablar de eso porque hoy te pones a hablar de las cosas que pasan y al ratito eres malo y estás diciendo cosas que no debes".
Hasta el momento, las autoridades no han reconocido oficialmente que el derrame de hidrocarburo haya tenido consecuencias directas sobre la pesca en la región.
Sin embargo, lo viven día a día los hombres y mujeres que dependen del mar para subsistir en municipios como Alvarado, en donde la actividad pesquera es importante para sus habitantes.
Si la escasez de especies ya era una carga difícil de sostener, una decisión administrativa llegó a complicar todavía más el panorama del sector.
La Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) determinó ampliar la veda de camarón hasta el 15 de septiembre, una medida que tomó por sorpresa a los pescadores de Alvarado, quienes ya tenían todo preparado para salir a capturar esta especie.
La extensión de la veda, que en principio busca proteger los ciclos de reproducción del camarón, llega en el peor momento posible para un sector que ya venía golpeado por la contaminación.
Los gastos de preparación, el equipo listo, las expectativas generadas y los ingresos que se esperaban obtener quedan en pausa por tiempo indefinido hasta que se levante la restricción.
La combinación de factores que enfrenta la pesca en Alvarado es:
La Federación de Sociedades Pesqueras y Cooperativas de Alvarado agrupa a decenas de pescadores y familias cuyo único sustento es el mar.
No son estadísticas ni datos de un informe gubernamental: son personas que salen cada madrugada con la esperanza de volver con algo que vender y llevar a sus casas.
Esa tensión entre la necesidad de denunciar y el temor a represalias retrata un ambiente complicado para quienes intentan defender sus derechos frente a una crisis ambiental que nadie quiere asumir oficialmente.
Mientras las autoridades federales y estatales no reconozcan el vínculo entre la contaminación por hidrocarburo y la caída en las capturas, los pescadores de Alvarado seguirán enfrentando solos las consecuencias de un desastre que, según ellos, ha dañado al Golfo de México.