Este sábado 10 de enero, se cumplirán 10 años de la muerte de David Bowie, "El camaleón", uno de los artistas más polifacéticos y arriesgados de su generación, que no dudó en cambiar de imagen y de estilo en múltiples ocasiones a lo largo de sus 69 años de vida.
Nacido como David Robert Jones en Brixton, popular barrio del sur de Londres, ya desde niño mostró unas inigualables inclinaciones artísticas que no pasaron desapercibidas por sus maestros. Con diez años ya cantaba y bailaba y se entusiasmaba por la música norteamericana.
Con quince años, formó su primera banda, 'The Konrads', y a lo largo de su carrera alumbró no menos de cinco grupos más, siempre en busca de nuevos giros de guion.
Dejó innumerables canciones que han pasado a la memoria colectiva de varias generaciones, pero ninguna lo define tan bien como 'Changes' (1971, del álbum 'Hunky Dory'): "Cambios... Voltea y encara lo extraño. No quiero ser más rico, lo que quiero es ser un hombre diferente", cantaba un Bowie de larga melena rubia, una de las múltiples imágenes con la que disfrazó su identidad.
En su vida fue -o se disfrazó de- dandy con traje blanco, muñeco de látex hipersexualizado, un personaje andrógino y ambiguo, pirata con parche en el ojo derecho, viajero espacial, clown... pero siempre parecía ir por delante de todas las modas. Uno de sus múltiples apodos fue el de "rey del glam", es decir, un emperador del glamour del que tantos bebieron tras él.
Cuentan de Bowie que era capaz de pasar más tiempo en el camerino, maquillándose para un concierto, que cantando en el mismo escenario. Su imagen siempre fue una obsesión.
Pero es en su música donde Bowie perdurará, con una serie de discos y de canciones creadas en los setenta y ochenta que han marcado la música contemporánea: 'Changes', 'Starman', 'Heroes', 'Modern Love', 'Ziggy Stardust', 'China Girl', 'Under Pressure', 'Modern Love'... y la lista podría sumar varias decenas de títulos más.
Con información de EFE / Foto: Archivo