Durante la apertura del Foro Económico Mundial en Davos, Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock —la mayor gestora de activos del mundo—, planteó una reflexión crítica sobre el funcionamiento actual del capitalismo y los desafíos que enfrenta frente al avance de la inteligencia artificial (IA).
Fink destacó que, desde la caída del Muro de Berlín, el mundo ha experimentado el mayor periodo de creación de riqueza en la historia. Sin embargo, advirtió que ese crecimiento no se ha traducido en una prosperidad compartida, particularmente en las economías avanzadas, donde la riqueza se ha concentrado en un segmento cada vez más reducido de la población.
El directivo alertó que este patrón de desigualdad podría reproducirse en la era de la IA, ya que los beneficios iniciales están concentrándose en los propietarios de los modelos tecnológicos, los datos y la infraestructura. En ese contexto, planteó la necesidad de anticipar el impacto que la automatización y la inteligencia artificial podrían tener sobre los trabajadores de oficina, de forma similar a cómo la globalización afectó anteriormente a los empleos industriales.
Fink, quien fue designado en agosto de 2025 como copresidente interino del Foro Económico Mundial en sustitución de su fundador Klaus Schwab, instó a los líderes políticos y empresariales a replantear la forma en que se define y se mide la prosperidad. Subrayó que el ecocrecimiento nómico no puede evaluarse únicamente a través del PIB o del valor de mercado de las empresas, sino por la capacidad de las personas para participar en ese crecimiento y construir su propio futuro.
De acuerdo con el World Inequality Report 2026, el 10% más rico de la población mundial concentra aproximadamente el 75% de la riqueza global, mientras que la mitad más pobre posee apenas el 2%. En este contexto, Fink reconoció que el Foro Económico Mundial ha perdido parte de la confianza pública y enfrenta el reto de demostrar mayor transparencia y cercanía con quienes no se sienten representados en espacios como Davos.
El CEO de BlackRock reiteró su visión de que el capitalismo puede evolucionar para generar una participación más amplia en los beneficios del crecimiento económico. Esta postura se alinea con su defensa del llamado “capitalismo de las partes interesadas”, una visión que promueve que las empresas consideren no solo a los accionistas, sino también a trabajadores, comunidades y al entorno ambiental como elementos clave para lograr un crecimiento sostenible a largo plazo.
BlackRock, que administra alrededor de 14 billones de dólares en activos, ha sido una de las principales impulsoras de la inversión con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), una agenda que Fink ha vinculado de manera recurrente con la estabilidad económica y la creación de valor duradero.