En un mensaje a todos los cubanos de buena voluntad, los obispos católicos de Cuba advierten sobre el agravamiento de la crisis social, económica y humana del país, afirmando que la isla necesita un cambio con creciente urgencia pero no puede soportar más angustia ni sufrimiento, tras la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump que declara una emergencia nacional para la seguridad de Estados Unidos.
Advierten que las nuevas amenazas arancelarias de Estados Unidos podrían agravar el sufrimiento y exigen respeto a la dignidad humana.
Expresan un sentimiento que se siente en toda la isla: “Quien escucha con atención y respeto el sufrimiento ajeno oye constantemente que las cosas no van bien, que no podemos seguir así”.
Este llamamiento, subrayan, concierne a toda la sociedad, pero sobre todo a quienes tienen la mayor responsabilidad de tomar decisiones por el bien de la nación.
Los obispos señalan que la dolorosa y urgente realidad no ha mejorado. Al contrario, afirman, ha empeorado, y la angustia y la desesperación se han profundizado.
Tensión externa y riesgo social
“Las recientes noticias que anuncian, entre otras cosas, la eliminación de cualquier posibilidad de entrada de petróleo al país han hecho sonar las alarmas, especialmente entre los más vulnerables”, escriben los obispos. “El riesgo de caos social y violencia entre los hijos de ese mismo pueblo es real. Ningún cubano de buena voluntad vería con buenos ojos esto”.
Los obispos lanzan su firme llamado pastoral. Cuba, afirman, necesita un cambio y con creciente urgencia, pero no puede soportar más angustia ni sufrimiento.
Llaman a evitar nuevos dolores y dificultades, especialmente para los pobres, los ancianos, los enfermos y los niños. Recordando la visita de San Juan Pablo II a la isla en 1998, citan su advertencia de que el aislamiento afecta a la población indiscriminadamente, haciendo recaer la mayor carga sobre los más débiles.
Diálogo, dignidad y bien común
Reafirman que los conflictos deben resolverse mediante el diálogo y la diplomacia, nunca mediante la coerción: “Las personas se entienden hablando», escriben, convencidos de que con buena voluntad siempre es posible encontrar caminos hacia la verdad, la justicia y la paz”.
Enfatizan que la dignidad y la libertad de las personas en el país no deben depender de conflictos externos: Un clima de respeto, pluralismo y participación, no debilita a una nación, sino que puede contribuir a aliviar las tensiones internacionales. Haciendo eco de San Juan Pablo II, instan a que «el mundo se abra a Cuba» e igualmente a que Cuba se abra a su propio pueblo, a todos los cubanos, sin exclusión”.
Reafirman que la Iglesia Católica seguirá acompañando al pueblo cubano en su misión de orar, proclamar el Evangelio y servir, especialmente a los más vulnerables. Asimismo, reiteran su disposición, si se les solicita, a contribuir a la creación de espacios de diálogo y cooperación al servicio del bien común.
Vatican News