El duelo por la muerte de un ser querido es un proceso individual que puede variar dependiendo de las circunstancias en las que ocurrió el fallecimiento y de las herramientas emocionales de cada persona. Sin embargo, un periodo aproximado de dos años puede considerarse razonable para trabajar una pérdida y avanzar hacia su aceptación, explicó la tanatóloga Mariela Perdomo, en entrevista para XEU Noticias.
La especialista señaló que no todos los duelos son iguales, pues existen diferencias entre enfrentar la muerte esperada de una persona que padecía una enfermedad y perder a un ser querido de manera repentina, por un accidente o suicidio. También mencionó los casos en los que no se cuenta con un cadáver o se desconoce el paradero de la persona.
“Cada duelo es único e irrepetible y va a depender del tipo de duelo”, explicó.
Perdomo indicó que, en términos generales, un duelo saludable puede durar alrededor de dos años, aunque este periodo depende de la inteligencia emocional de cada persona y de las circunstancias que acompañan la pérdida.
Advirtió que una señal de alerta aparece cuando, después de dos, tres o cuatro años, alguien permanece en una tristeza profunda, no consigue retomar sus actividades cotidianas y esta situación comienza a afectar también a las personas de su entorno.
Ante estos casos, recomendó buscar acompañamiento tanatológico, ya que puede ayudar a mirar la pérdida desde otra perspectiva y avanzar en el proceso de aceptación.
“Todos los duelos duelen, pero el sufrimiento es opcional”, expresó.
La tanatóloga explicó que vivir un duelo saludable no significa olvidar a quien murió, sino aprender a sobrellevar su ausencia. Esto implica reconocer las emociones, permitirse llorar y, con el tiempo, encontrar consuelo en los recuerdos y en el agradecimiento por el tiempo compartido.
“A ese ser querido lo voy a extrañar siempre. Le voy a llorar muchas veces cuando venga mi recuerdo, pero el amor está siempre presente. La relación no es lo que hice mucho, es lo que sigo queriendo mucho”, comentó.
Añadió que, aunque la aceptación puede tomar más tiempo en situaciones particularmente difíciles, como un suicidio o una desaparición, el acompañamiento tanatológico también puede contribuir a enfrentar estas circunstancias.
Finalmente, Mariela Perdomo señaló que aceptar la realidad de la pérdida es parte del proceso, sin que ello implique dejar de extrañar a la persona fallecida, pues se trata de continuar con la vida y conservar el vínculo afectivo a través de los recuerdos.