Opinión

Como México no hay dos… ¿Por fortuna?

Por Otto Granados

Nos encanta ser mexicanos, pero no somos muy dados a cumplir ni a practicar ni a alcanzar los logros, los valores, los objetivos que harían de México un país mucho mejor


En estos días patrios, leí en algún lugar que el 87 por ciento de los mexicanos se sienten orgullosos de serlo; como uno no elige donde nacer, puede ser y desde luego están en todo su derecho. Lo interesante es que es una reacción psicológica, una reacción defensiva como si ser mexicano fuera un escudo protector, un blindaje contra lo externo, contra todo aquello a lo que, por una razón u otra, le tememos. Esta no es una reacción exclusiva del mexicano; diría que en casi todos los países latinoamericanos es más o menos parecida.

La incógnita surge cuando se le pregunta a las personas porqué les gusta ser mexicanos y allí las respuestas son muy peculiares y van desde la comida, la hospitalidad, la música, la solidaridad entre vecinos y cosas así pero en ningún caso las respuestas tienen que ver con, por ejemplo, la calidad de la educación, el elevado respeto por la ley, la civilidad, la honestidad, la productividad de la economía, el extremo cuidado del medio ambiente o valores de ese tipo que son los más mencionados en los países altamente desarrollados.

En esa contradicción residen probablemente algunos de nuestros principales problemas: nos encanta ser mexicanos, pero no somos muy dados a cumplir ni a practicar ni a alcanzar los logros, los valores, los objetivos que harían de México un país mucho mejor.

Y de este balance nos damos cuenta cuando nos comparamos contra otros países o cuando vemos donde está México en los índices internacionales, como la prueba educativa PISA de la que ya hemos hablado, y otros más.

Por ejemplo, nuestros niños sacaron en esa prueba internacional 414 puntos en ciencias, mientras que los niños de China obtuvieron 597; en lectura los nuestros alcanzaron 408 puntos y los de Singapur 535, y en matemáticas 388 los mexicanos y 612 los chinos.

Otro ejemplo, México está en la posición 141, sobre 182 países, el en Índice de percepción de corrupción de Transparencia Internacional. Está en el lugar 121, sobre 143 países, en el Índice Mundial de Estado de Derecho. Es el 3er país, sobre 193, peor calificado en el Índice Global de Crimen Organizado. Y ocupa el lugar número 77, sobre 133 países, en el Índice Chandler de Buen Gobierno.

O bien presumimos que México es la décima tercera economía más grande del mundo, pero hay unos seis países más pequeños y con menos población que producen lo mismo o más del doble de lo que produce México.

O bien anunciamos que en el primer semestre de este año llegaron a México 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa, pero a países o regiones con población de solo 6 u 8 millones de habitantes como Singapur o Hong Kong llegaron 151 mil y 116 mil millones de dólares respectivamente, o sea unas cuatro o cinco veces más.

Entonces cuando uno observa el fervor patriótico en estos días y cuando uno se mira en el espejo de otras partes del mundo, inevitablemente surge una contradicción, una paradoja que no es fácil explicar porque pertenece al terreno de la psicología y eso ya es más difícil, más subjetivo y más irracional.
Pero ni hablar, así somos y como México no hay dos.