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Padres especiales

 9 sep 2015
Por: Ramón de la Peña

Tuvimos un problema muy raro, me comentó hace ya tiempo un amigo del Tecnológico de Monterrey , al preguntarle sobre cómo les había ido en los cursos de verano. Resulta, me dice, que un alumno extranjero empezó a comportarse extrañamente, se puso muy platicador, muy alegre  -demasiado diría yo, me dice mi colega- se salió de los dormitorios y se puso a cantar por los jardines y a bailar con todo el mundo hasta con los patos. La gente lo veía con curiosidad y se reía y divertía él, pero finalmente él se tornó agresivo. Nuestros guardias trataron de calmarlo pero cada vez crecía más su agresividad, hasta que finalmente se le tuvo que recluir en un hospital local para su diagnóstico y tratamiento. 

Por nuestra parte tratamos de localizar a sus papás. Su papá fue imposible de localizar, nunca se reportó -todavía no lo hace, me dice mi amigo- posteriormente nos enteramos de que sus padres se habían divorciado hace tiempo y que el papá prácticamente nunca veía a su hijo. 

La mamá fue más fácil de localizar pero para nuestra sorpresa nos dijo: Yo tengo planeado un viaje a Europa; pero, señora, es su hijo, le dijimos, su hijo la necesita, por favor venga- ya tengo todo listo para ir a Europa, nos dijo su mamá, perdóneme pero no puedo cancelar mi viaje. Señora, es necesario que venga, un pariente cercano tiene que tomar decisiones con respecto al muchacho, por favor venga a México. La señora decidió irse a Europa en vez de venir y atender a su hijo. . 

Y, ¿luego qué hicieron? le pregunté yo. Contactamos a la embajada de su país, la embajada se preocupó pero no se ocupó del problema del muchacho, no se responsabilizaron de su paisano, nos dejaron solos, concluyó mi amigo.   

Y ¿qué tenía el muchacho? le pregunté a mi amigo. Le faltó litio, me dijeron en el hospital, dejó de tomar su medicina y el resultado está a la vista. Lo más triste del caso es que , salvo nosotros, todo mundo se desentendió de él. Claro, él tiene 22 años, es mayor de edad, pero intuyo, me dijo mi amigo, que el muchacho tardó en aliviarse o sobrellevar esta deficiencia por la falta de apoyo de su familia. 

¿Qué concluí de esta anécdota? 

1.  Que al muchacho no sólo le faltó litio, también le faltó mamá y papá. 

2.  Que los buenos papás se conocen no cuando los hijos sólo dan alegrías, sino cuando los apoyamos en sus tristezas y problemas. Claro que se siente muy bonito asistir a reuniones de premiación de nuestros hijos, pero también es nuestra responsabilidad ayudarlos y apoyarlos cuando les va mal. Así como compartimos sus alegrías y reconocimientos, debemos de compartir sus tristezas y problemas. 

3.  Que el núcleo familiar es un elemento clave que debemos fortalecer y conservar. 

Este acontecimiento me recordó un excelente libro que me regaló un amigo del Tec,  "El Regreso del Hijo Pródigo", en el que su autor de Henri J.M. Nouwen presenta sus meditaciones acerca de esa obra del pintor Rembrandt. 

 

¡Qué excelente regalo recibí! un regalo que describe las meditaciones de un hombre en busca de sentido para su vida frente a un cuadro del Siglo XVII y una parábola del Siglo I. 

¿Se acuerda usted de la parábola del regreso del hijo pródigo?, aquella que describe el intenso amor del padre frente a su hijo pródigo, quien al pedirle a su padre la parte de la herencia que le correspondía, y al marcharse a un país lejano a despilfarrar toda su fortuna viviendo como un libertino, le causó un tremendo dolor a su padre aunado a que con ese acto simbolizó un rompimiento con todo lo que representaba su hogar, su familia, su forma de ser, de vivir, pensar y actuar. 

Ese mismo hijo que perdió todo - honor, reputación, dinero - regresa a la casa de su padre para decirle: " Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros". ¿Y cómo lo recibe su padre? ¿con regaños, con un "te lo dije", con un "vete de aquí tú ya no eres parte de mi familia"?  Claro que no, tal y como dice la parábola: "Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y profundamente conmovido salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos".  ¿Qué fue lo que les dijo a sus sirvientes?: "Traed en seguida, el mejor vestido y ponédselo; ponedle también un anillo en la mano y sandalias en sus pies". Y remata su solicitud diciendo: " Tomad el ternero cebado,  matadlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos encontrado". 

¡Qué intenso y profundo amor del padre por ese hijo suyo que sólo muestras de agravio le había hecho. Qué muestra de perdón y generosidad de un padre hacia un hijo descarriado que vuelve pidiendo perdón. 

Como ven, el padre no da a su hijo la menor la oportunidad de disculparse, hace suya la súplica de su hijo y lo perdona espontáneamente y de corazón. 

Sin duda, esta parábola nos muestra que el camino del perdón y la generosidad es el camino para que el  "ser un auténtico padre" crezca en nuestro interior, es el camino para estar en casa para que así nuestros hijos sientan que puedan volver en  cualquier tiempo y ser recibidos con alegría y amor. Estimado lector, cuando se les presente la oportunidad de actuar como el padre del hijo pródigo, hágalo; su hijo se lo agradecerá y usted le dará una lección que jamás olvidará.

Para fortalecer esa gran tarea que tenemos los padres para educar a nuestros hijos le recomiendo leer el libro de la doctora Carter-Scott, en el que su autora destaca las recomendaciones para tener una vida plena –”If life is a game, these are the rules” (Si la vida es un juego, estas son las reglas) y volví a recordar que lo más importante es estar contento con uno mismo, estar contento con lo que somos física, emocional, espiritual e intelectualmente. 

Pero en un segundo libro que leí, su autora destaca que los padres tenemos una influencia muy importante en nuestros hijos.  Su autora, Dorothy Law Notre, destaca que:  “Los niños son como esponjas, ellos observan e internalizan todo lo que nosotros decimos y hacemos; ellos están aprendiendo de nosotros todo el tiempo, esto aunque nosotros no nos demos cuenta de que les estamos enseñando”.  Efectivamente, nuestros hijos son el espejo de nosotros.  Rápidamente vinieron a mi mente el sinnúmero de niños que son unos expertos en computadoras, que saben tocar el piano, que saben bailar flamenco o ballet, que saben tocar la guitarra, que juegan fútbol americano o soccer, y tantas otras cosas más que aprenden los niños, gracias al tesón, trabajo, esfuerzo y entusiasmo de sus padres.  Vinieron también a mi mente las imágenes de Kosovo y el impacto en los niños de tanto odio, agresión, angustia, incertidumbre y peligro que estuvieron viviendo.  Yo me temo que ellos estuvieron aprendiendo a odiar. 

•¿Qué aprendí del libro de Dorothy:  “Children learns what they live”  (Los niños aprenden lo que ellos viven), de la editorial Workman?

•Que lo que somos depende de uno mismo y de nuestro medio ambiente.

•Que los padres somos una parte muy importante del medio ambiente de nuestros hijos –somos un espejo que les refleja mensajes y comportamientos del medio ambiente–.

•Que mucho de los hábitos, actitudes y valores que tenemos no son más que un reflejo de lo que vivimos en nuestra casa, son un reflejo de los hábitos, actitudes y valores de nuestros padres.

•Que los padres tenemos una gran responsabilidad; responsabilidad que no es tan evidente para los padres jóvenes, y me temo que esto aplica también para algunos ya no tan jóvenes.

•Que muy pocos padres están preparados para enfrentar esa gran responsabilidad por lo que tener una escuela para padres es importante en estos tiempos actuales.

•Que tenemos que prepararnos para ser un paradigma espejo para el aprendizaje de nuestros hijos. 

Aprendí también una serie de recomendaciones que destaca Dorothy en su libro: 

1.  Destaca “que si los niños viven en un ambiente en el cual impera la crítica, ellos aprenden a criticar y condenar”.  Si nos dedicamos a criticar a nuestros hijos:  Si les decimos, mira nada más qué sucio vienes, qué desarreglado está tu cuarto, eres un burro, ¿qué cree que están aprendiendo de nosotros?  Si hacemos lo mismo con nuestros amigos, con nuestros gobernantes, con nuestros jefes, con nuestros subordinados, con nuestro país, les estamos enseñando cómo condenar a otros y es más, asegura Dorothy, podemos enseñarles a condenarse a ellos mismos.  Esta, asegura Dorothy, es una excelente manera de destruir su autoestima y el respeto por los demás.  ¿De quién depende que esto no ocurra?  De nosotros, los padres, que tenemos que aprender a no actuar así, pero también de la comunidad, añadiría yo.  Sí efectivamente  la comunidad regiomontana es  una comunidad que le encanta la crítica y esto se refleja en el radio, en la televisión, en los periódicos y en las redes sociales -basta recordar los mensajes negativos que se originaron en las últimas elecciones en nuestro estado- , entonces no nos debemos de extrañar de la actitud de nuestros jóvenes. 

2.  Destaca también que si los niños viven en un ambiente hostil, ellos aprenden a pelear.  Desde luego este ambiente hostil se puede presentar de diferentes maneras:  un ambiente hostil en la casa debido a los conflictos entre los papás, pero también el ambiente hostil que puede generar el que los niños pasen cientos de horas frente a la televisión viendo películas o caricaturas en las que se presentan imágenes de violencia.  Recuerde que la violencia polariza la actitud de los niños marcándolos muchas veces para toda la vida, volviéndolos agresivos o marcándolos con una actitud de evitar los conflictos a como dé lugar. 

3.  Destaca también la autora que si los niños viven con temores y miedos, ellos aprenden a ser agresivos.  Desde luego, asegura Dorothy, a los niños les encantan las historias de miedo; pero vivirlo en carne propia y continuamente los vuelve agresivos e inseguros.  Así que, estimado lector, atienda los temores y miedo de sus hijos entendiendo que lo que para ellos es muy importante a usted le puede parecer intrascendente.  Yo todavía recuerdo vivamente el miedo que sentía cuando jugando en la calle, frente a mi casa en San Antonio de las Alazanas, se acercó una camioneta, de seguro a preguntarme algo, y no sé por qué vino a mi mente que me iban a secuestrar y sin mediar palabra salí corriendo hacia los brazos de mi mamá.  Duré más de un mes teniendo pesadillas. Gracias por sus comentarios. 

4.  Asegura Dorothy que si los niños viven en medio de burlas ellos aprenden a ser tímidos.  La autora asegura que la burla y el ridículo es la mejor manera de robarle a alguien su autoestima.  Sin duda, cuando una burla es dirigida a una persona, esa persona se ofende y se lastima.  Entre chiste agresivo y chiste agresivo podemos transformar a nuestros hijos en lo que no queremos.  Ridiculizar a una persona es burlarse de ella y la risa que genera es siempre a expensas de esa persona.  La risa es la música del alma siempre y cuando no lleve una dosis de ironía, burla o deseo de ridiculizar a alguien.  Al evitar este ambiente en nuestra casa, evitamos que nuestros hijos aprendan a ser tímidos. 

5.  Si los niños viven en un ambiente de celos, continúa la autora, ellos aprenden a sentir envidia, a ser envidiosos de lo que son o tienen los demás.  ¿Por qué será que el jardín, la casa o el carro del vecino lucen mejor que el nuestro?  Recuerde, dice Dorothy, que los celos nacen de la manera como se ven las cosas y si continuamente y enfrente de los hijos nos quejamos de lo que no tenemos y sí tienen los demás, les estamos enseñando a ser envidiosos de lo que son o tienen los demás; les enseñamos a no disfrutar de lo que tienen.  Recuerde que el disfrutar el aquí y el ahora es importante. 

6.  Si los niños viven con vergüenza de lo que hacen o de lo que son, ellos aprenden a sentirse culpables.  Expresiones del tipo: Mira nada más que mugrero tienes, por qué tienes que ser así y caray eres un inútil, sólo conducen a que se enojen o a que se sientan culpables.  Pero no olviden que la manera de enseñarles es muy importante; recuerden que a una persona se le puede decir que tiene una oportunidad de mejora del tamaño del Cerro de la Silla o que es una grandísimo tonto. 

¿Qué podemos hacer entonces para volvernos un paradigma positivo para nuestros hijos?  De Dorothy aprendí lo siguiente: 

1.  Promueve que tus hijos vivan en un ambiente de motivación positiva para que aprendan a tener confianza en sí mismos.  Recuerden, dice Dorothy, que los niños tienen grandes sueños, ellos creen que todo es posible –dicen las malas lenguas que la vida es el arte de quitar a las personas el arte de soñar: No se puede volar, es imposible llegar a la luna:  estos son sólo algunos mensajes matadores de sueños–.  Estimado lector, no desmotive a sus hijos, recuerde que los shampoos de cariño funcionan bien, aplique continuamente el regalo de los gansos:  felicite efusiva y espontáneamente los logros de sus hijos y ayúdeles cuando las cosas no les salen bien, pero sobre todo déjeles que ellos hagan sus tareas, trabajos, juegos y rompecabezas aunque batallen un poco.  Continuamente mándeles el mensaje:  te quiero, te tengo confianza, yo sé que tú puedes. 

2.  Promueve que tus hijos vivan en un ambiente de tolerancia –aceptar lo que está pasando– para que aprenda a tener paciencia.  Una de las cosas que admiraba de mi padre era su paciencia y resignación para aceptar las catástrofes que ocurrían en su rancho, como cuando después de recolectar las primeras 100 cajas de manzana, cayó durante la noche una intensa granizada que lastimó casi todas las manzanas de las más de 5000 árboles de manzana que teníamos en Navidad, Nuevo León.  En la mañana, sin mostrar enojo o pesadumbre me dijo: hijo, váyase a Saltillo a rematar las manzanas de la huerta.  Aprendí que la manera como nosotros aceptemos los inconvenientes, los problemas, la pérdida de un ser querido, es el mensaje educativo que le hacemos llegar a nuestros hijos. 

3.  Aprendí que si los niños viven en un ambiente de aceptación, ellos aprenden a amar; que si ellos viven con los ejemplos correctos de nuestra parte, ellos aprenderán a ser generosos, veraces, a ser justos, a respetar a los demás, pero sobre todo a tener confianza en sí mismos.   

No se le olvide que a través de nuestras acciones continuamente le estamos mandando mensajes a nuestros hijos, así que más vale que le enviemos los mensajes o lecciones correctas.  Los padres somos una parte muy importante del medio ambiente de nuestros hijos  –somos un espejo  que les refleja mensajes y comportamientos de su medio ambiente familiar–.

 

  

 



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