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Liderar para el bien común

 15 mar 2021
Por: Roberto Matosas

 

La crisis financiera de 2008 puso en evidencia la necesidad de repensar el sistema político y económico que imperaba a nivel global, pero también dio inicio a una nueva tendencia que apostaba por una economía basada en el principio del Triple Balance (económico, medioambiental y social).

Muchas organizaciones comenzaron entonces a interesarse por estos aspectos, pero el estallido de la pandemia ha hecho que el sector empresarial haya cobrado conciencia de la importancia de aportar valor más allá del beneficio económico y generar impacto positivo en la sociedad para salir adelante.

Compañías legendarias como P&G, Lego o Adidas se posicionan como grandes ejemplos de este cambio de rumbo, si bien uno de los casos más llamativos es el empeño de Paul Polman por hacer más sostenible al gigante Unilever. El directivo ha señalado en reiteradas ocasiones que el modelo de liderazgo basado únicamente en cuestiones económicas es insostenible y recalca la importancia de gestionar poniendo el foco en criterios relacionados con el medio ambiente, los empleados, los clientes, los proveedores y el resto de la ciudadanía.

Con ese propósito fundó Imagine, un movimiento que pretende impulsar un sistema económico más humanizado que, además, sea sostenible. Porque según volvió a señalar durante su intervención en el 12th Peter Drucker Forum, “si no actuamos a tiempo, las consecuencias serán letales para la especie humana y para el planeta”.

Una batalla por la supervivencia 

Es obvio que el sector empresarial no puede tener éxito en una sociedad que fracasa, pero personalmente creo que los negocios y empresas tampoco pueden actuar como simples observadores del entorno en el que desempeñan su labor. Las organizaciones, obviamente, necesitan beneficios para sobrevivir en el largo plazo, pero también desean contar con una mano de obra saludable, porque los empleados son su stakeholder más importante.

Sin embargo, todo esto no son más que medios que nos ayudan a alcanzar objetivos más grandes. Lo cierto es que estamos en este mundo para dejarlo en mejores condiciones de las que lo encontramos y, francamente, no estamos haciendo un buen trabajo.

Vivimos en el mejor momento de la historia de la humanidad. En los últimos años millones de personas han salido de la pobreza. La gente tiene una vida más larga y saludable, pero vivimos de una forma no sostenible y si no cambiamos nuestra forma de actuar, muy pronto nos vamos a tener que enfrentar a un verdadero problema de supervivencia.

Son muchos los que piensan que los humanos estamos librando una batalla con el planeta, pero la realidad es que se trata de una batalla por nuestra propia supervivencia. Más del 68% de las especies han desaparecido en las ultimas cuatro décadas, y otro millón está en riesgo de desaparecer. Hemos estropeado más el planeta en nuestra generación que todas las generaciones previas combinadas. Y llegados a este punto, yo me pregunto: ¿quién nos ha dado derecho a hacer esto? Porque no debemos olvidar que nuestra conducta no solo incrementa los riesgos de nuestra existencia, sino también los de las generaciones futuras.


Estamos en este mundo para dejarlo en mejores condiciones de las que lo encontramos y, francamente, no estamos haciendo un buen trabajo


Por eso, creo que el mundo de los negocios debe ayudar a solventar los problemas a los que nos enfrentamos y asegurarse de que dejamos un impacto positivo neto a las próximas generaciones. Para conseguirlo no es suficiente con implementar las diferentes formas de responsabilidad corporativa que existen; no podemos gestionar las empresas bajo el concepto de ser menos malo, sino que debemos preocuparnos por conseguir tener un impacto positivo neto.

A la hora de analizar las herramientas que necesitamos para llevar a cabo este cometido, nos damos cuenta de que las habilidades de liderazgo se encuentran en primer lugar y que están a nuestro alcance para construir un nuevo modelo.

Un claro vacío de liderazgo 

Está claro que los grandes retos en la actualidad son el cambio climático y la desigualdad de ingresos y si no nos enfrentamos pronto a estos problemas, podemos poner en riesgo a la humanidad.

Sabemos lo que puede pasar y contamos con diferentes herramientas para solucionar el problema. La pregunta que se nos plantea es: ¿por qué no las hemos puesto todavía en marcha? Bajo mi punto de vista es porque no contamos con líderes adecuados para hacer frente a las necesidades actuales.

Hoy la vida media de una compañía se ha reducido a 17 años y la permanencia de un CEO no pasa de cuatro. La mayoría de las empresas en las que nos fijamos desde 2010 han tenido cuatro CEOs de media. Honestamente, estoy convencido de que tenemos un clarísimo vacío de liderazgo no solo a nivel político, donde es más que evidente, sino también en el sector empresarial.

Debemos solventar los problemas implementado formas de pensamiento sistemático y acciones colectivas, porque los retos a los que nos enfrentamos son demasiado grandes para enfrentarlos de forma individual. Si hemos aprendido algo durante la pandemia es que no podemos tener personas sanas en un planeta enfermo. Cuanto más tardemos en entender la correlación que existe entre biodiversidad, salud, cambio climático y otras dimensiones añadidas actualmente tales como aspectos raciales, más difícil va a ser que salgamos adelante.

Una de las lecciones positivas que podemos extraer del COVID es que, por primera vez, gran parte de la población entiende la relación que existe entre los conceptos que acabamos de explicar. Hoy podemos apreciar claramente cómo las compañías que se gestionaban bajo un modelo que pone el propósito en el centro, es decir, con la perspectiva del largo plazo y enfocándose en sus stakeholders, han tenido mejores resultados durante la pandemia que las demás. Lo mismo ocurre en el sector financiero, ya que los fondos motivados por activos ASG -Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo- están teniendo un retorno mucho más positivo.

Cada vez es más evidente que interiorizar estos riesgos sistémicos y transformarlos en oportunidades es el mayor negocio que tenemos frente a nosotros.

Sabemos que podemos actuar con gran celeridad, y si nuestra supervivencia está en riesgo, lo hacemos. El cambio climático y la desigualdad son dos caras de una misma moneda y necesitan una rápida intervención. Dada la magnitud y complejidad que revisten ambos temas, es imposible que nadie pueda resolverlos de manera individual. Por eso, espero que empecemos a actuar rápidamente de forma conjunta.

El sistema bajo el que operamos actualmente ha dejado de funcionar debido a los intereses creados, el planteamiento cortoplacista y a que las empresas de forma individual no son capaces de hacer frente a esta situación. Necesitamos una asociación diversa para el bien común donde el interés de los otros esté por encima del nuestro, ya que actuando de este modo también mejorará nuestra situación.


Los líderes con alto nivel de empatía, percepción y compromiso con los problemas globales están teniendo mejores resultados. El sentido del propósito permite mantener al grupo


Algunos cambios que se requieren para conseguirlo son enormes: rediseñar los sistemas financieros para que trabajen a largo plazo, descarbonizar la economía global, incentivar la economía circular e, incluso, dar un paso más hacia una economía regenerativa que promueva la sobriedad en lugar de la abundancia.

Es necesario hacer crecer la economía de una manera mucho más inclusiva. Para conseguirlo sería lógico apoyarse en los gobiernos, pero la gobernanza global no funciona, y desde el punto de vista nacional el auge de los populismos, la xenofobia y los nacionalismos nos han hecho retroceder notablemente y, además, no sirven para incentivar el bien común.

La comunidad de negocios se ha beneficiado durante mucho tiempo de la buena gobernanza y del hecho de no tener que ocuparse de estos aspectos. Este fue el entorno en el que creció Milton Friedman, pero si el famoso economista viviera a día de hoy se encontraría con gobiernos disfuncionales, una gobernanza mundial que no funciona y negocios cuyo modelo operativo se basa en absorber costes dando lugar a un sistema que se ha vuelto insostenible.

El argumento es muy simple: los líderes tienen que hacerse responsables de todos estos asuntos, dar un paso adelante y llenar ese vacío que existe para eliminar el riesgo de los procesos políticos.

Recuperar la humanidad 

Hace tiempo que Unilever puso el propósito en el centro y apostó por desacoplar su crecimiento del impacto medioambiental; incluso diseñamos un plan para mejorar el impacto social global.

Este planteamiento quedó reflejado en cada una de nuestras marcas. Nuestras marcas de inodoros tienen como objetivo crear váteres limpios y seguros; las de jabón eliminar enfermedades infecciosas fomentando el lavado de manos; nuestros limpiadores y cremas hidratantes ayudan a fortalecer la autoestima de las mujeres… Descubrimos que cuanto más claros y fuertes eran los propósitos de estas marcas, crecían más y se tornaban más rentables. Esto no debería sorprendernos, porque estamos hablando de marcas alineadas con la sociedad y que responden ante ella.

El hecho de ser respetados por la comunidad en la que operamos es una gran ventaja, porque hace que la marca se transforme en un lugar donde las personas desean trabajar y, por tanto, en un grupo más comprometido capaz de eliminar las ineficiencias del sistema y trabajar mejor con los proveedores de la cadena de valor.


Somos expertos en crear riqueza, pero muy selectivos a la hora de distribuirla, y no hacemos más que incrementar la desigualdad económica


Todos estos factores acaban generando interesantes retornos para los accionistas, algo que en nuestro caso y por nuestro modelo a largo plazo se convirtió en un retorno del 300% en 10 años. Superábamos claramente a empresas similares de nuestro sector y, por supuesto, al mercado.

La dirección, por tanto, está clara. Ahora necesitamos valor para liberar la capacidad de los líderes que tenemos y que son necesarios para la sociedad del mañana, centrándonos en recuperar la humanidad.

Hemos reducido los negocios a componentes sencillos como tablas Excel, números, información y datos, pero este modelo ya no funciona. Tenemos que volver a traer la humanidad al entorno empresarial, y no debería sorprendernos que los líderes con alto nivel de empatía, percepción y compromiso con los problemas globales estén teniendo mejores resultados. Son líderes que pueden trabajar en asociaciones más amplias con el objetivo del bien común, que están intensamente motivados por sus propósitos, y aunque las presiones que reciban parezcan a veces insoportables, el sentido del propósito permite mantener al grupo.

Estos líderes piensan, sobre todo, desde una perspectiva intergeneracional y son conscientes de que como especie humana no tienen derecho a privar del futuro a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Quieren asegurarse de que quienes nos siguen tengan las mismas oportunidades que ellos han tenido. Solamente si somos capaces de poner los propósitos e integrarlos de forma firme en el modelo de negocio, solo si trabajamos por el bien común sabiendo que así mejoramos nosotros mismos, podremos salvar a la humanidad.

Vivimos un momento clave y crítico, y si no lo entendemos, si no conseguimos interiorizar los riesgos sistémicos que enfrenta el mundo y transformarlos en oportunidades, tendremos serios problemas.

Aquel que sea capaz de hacerlo puede tener grandísimos resultados, pero quien lo ignore, pronto será visitado en el cementerio de los dinosaurios. 


Paul Polman cofundador de Imagine y ex CEO de Unilever en el 12th Global Peter Drucker Forum

Texto publicado en Executive Excellence nº171, noviembre 2020

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