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Apoyemos a México

 3 jun 2013
Por: Ramón de la Peña

Hace ya buen tiempo, fui invitado por un grupo de alumnos de una ciudad de Coahuila para darles una plática sobre el Programa Emprendedor. Ellos querían iniciar algo similar a lo que habíamos hecho en Monterrey a través de una asociación civil que tenía como misión promover el Programa Emprendedor en la comunidad a través de un esquema tipo franquicia.
A través de DEMAC, Desarrollo Empresarial de Monterrey, A.C., habíamos creado un paquete educativo que describía el qué, el cómo, el con qué, el con quién y el con cuánto se podía iniciar una nueva empresa. Hasta publicamos en un periódico local una serie de lecciones de un curso titulado "Conviértase en Emprendedor". Este curso fue de 16 lecciones, una lección se publicaba cada lunes.
Nuestro modelo educativo implicaba un esquema semejante al que se tiene que seguir para aprender a nadar. Existen dos opciones: la primera, adentrarse en el mar unos 200 metros en una lancha, para después lanzarse al agua y en ese momento tratar de aprender a nadar. Claro, gran parte de la gente no lo logra, otros alcanzan la orilla y juran que jamás se van a volver a meter al mar, y un pequeño grupo logra aprender y sobrevivir a su modo. Así inicia su nueva empresa mucha gente, se lanza a hacerla sin saber realmente el arte y la ciencia de iniciar, consolidar y operar un negocio.
Qué distinto sería si para aprender a nadar (a iniciar un nuevo negocio) nos invitan a un auditorio en donde primero nos pasan un audiovisual que muestra lo bonito que es, y lo bien que se lo pasa la gente que sabe nadar; y todo esto en un ambiente de motivación para que al final todo el mundo a la pregunta de si desean aprender a nadar responda que sí; para después pasar a una alberca, donde con un salvavidas primero nos enseñen a flotar, después nos enseñan a nadar usando primero la técnica uno, después la técnica dos y por último la técnica tres.
Después de este entrenamiento básico, ya podemos pasar al mar. De seguro ninguno perecerá por no saber nadar; podrá ocurrir por una gran tormenta (por una gran crisis) o por el ataque de algunos tiburones (algunos competidores muy agresivos). A mucha gente finalmente le gustará nadar en una alberca, no en el mar. En una alberca implica tener un trabajo seguro, trabajar de lunes a viernes de 8 de la mañana a 5:30 de la tarde, tener vacaciones pagadas en Semana Santa y en Navidad; implica tener seguridad social, poder tener un retiro; implica en fin, ser un empleado.
 Pero aventurarse a nadar en el mar a pesar de todas las vicisitudes implica iniciar una empresa, no tener un horario fijo, ni vacaciones aseguradas, ni un sueldo seguro, mucho menos un retiro asegurado. Por eso es tan importante apoyar y proteger a nuestros emprendedores, pues son los únicos capaces de crear riqueza. Pues los únicos sistemas que generan riqueza son las empresas; y para tener empresas necesitamos emprendedores, gente capaz de crearlas; y para tener emprendedores necesitamos motivarlos, entrenarlos y apoyarlos.
Pero regresando a la invitación que recibí de los alumnos de esa ciudad coahuilense, aparecí por allá un sábado para darles una plática motivacional sobre el Programa Emprendedor, sobre la importancia de motivarlos, educarlos y apoyarlos.
También les resalté la importancia de que ese emprendedor sea capaz de identificar un producto o servicio que la comunidad necesite. Pues yo puedo ser excelente para producir carretas, pero difícilmente las podré vender como un sustituto para el automóvil.
Resalté que las oportunidades están dondequiera, que tenemos que estar atentos a detectarlas, que si vamos a un supermercado no sólo hay que ir a comprar, sino observar lo que la gente está comprando, pues por ahí puede haber una buena oportunidad para producirlo.
¿Qué podemos hacer para apoyar a nuestros emprendedores?, me preguntaron. La mejor manera de apoyarlos es comprándoles el producto o servicio que ofrecen. Les pregunté a los muchachos: ¿cuánto de lo que traen puesto lo compraron aquí en su ciudad? Pónganse de pie los que hayan comprado aquí su ropa. Muy poca gente se puso de pie. ¿Y de la ropa que traen puesta, cuánta de ella fue fabricada aquí?, ¿cuánta está hecha en México? El resultado de esta pequeña encuesta fue que mucho de lo que compramos no está manufacturado en nuestra ciudad, tampoco en México; y muchas veces lo compramos en tiendas fuera de nuestro país.
Siempre me han llamado la atención las compras tan importantes que realizamos los mexicanos en las ciudades fronterizas de los Estados Unidos. De hecho, son de las ciudades con mayor crecimiento económico de ese país gracias al intenso comercio que tienen con los mexicanos.
Debemos entender que cada vez que compramos allá, estamos apoyando a fabricantes y empresarios extranjeros; cada vez que compramos allá, estamos eliminando empleos en México o poniendo en riesgo las empresas mexicanas. Ellos son además los mismos que nos vienen a vender su tecnología, su ingeniería básica y de detalle para nuestras plantas químicas y petroquímicas.
Me ha llamado mucho la atención el espíritu de solidaridad y de apoyo a su país que se ha generado en los Estados Unidos a raíz de los atentados de Nueva York; esa misma solidaridad necesitamos tenerla los mexicanos hacia nuestro país. Debemos mostrar nuestro cariño a México apoyando a los mexicanos que quieren saber más, que quieren iniciar una empresa, que quieren ayudar a la comunidad a través de un programa o una organización social, que quieren hacer crecer a su empresa, que quieren exportar. Apoyémoslos comprando lo que producen. Contratemos a mexicanos para hacer el trabajo, para hacer los diseños de ingeniería. Contratemos a las compañías de ingeniería mexicanas. En fin, pongámonos como norma comprar lo que el País produce, hagamos los mejores juguetes, produzcamos los mejores alimentos, hagamos los mejores diseños, eduquemos a nuestros muchachos con programas de calidad y muy pertinentes a las necesidades de nuestro país, apoyemos a nuestras escuelas y a nuestras organizaciones que quieren hacer obras positivas hacia nuestra comunidad. Solo así tendremos un México mejor para nuestros hijos y nietos.
 
 



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