Opinión

El despacho clandestino de José Jerí

Por Rodrigo Chillitupa Tantas


Lamentablemente, la investidura presidencial en Perú se sigue devaluando aún más. Si en estos últimos cinco años, Pedro Castillo y Dina Boluarte contribuyeron con sus actos a que la jefatura de Estado sea un cargo tan inestable y cuestionado al punto que terminaron vacados por incapacidad moral, el actual mandatario interino José Jerí no se quedó atrás. En la última semana se conoció que tuvo una reunión privada y clandestina con Zhihua Yang, un empresario chino cuyas empresas tienen importantes contratos con el Estado peruano. Sucedió la noche del 26 de diciembre del año pasado en un restaurante.

Si bien un presidente tiene la posibilidad de reunirse con empresarios para discutir sobre proyectos que puedan atraer las inversiones extranjeras al país, lo cuestionable acá es la falta de transparencia. Usualmente, y ocurre en todo el mundo, este tipo de encuentros se tienen que registrar obligatoriamente en el portal de visitas de la Presidencia para que la opinión pública sepa quiénes van al despacho del jefe de Estado: si son ministros, funcionarios o privados. No hacer esta práctica, lo único que genera es que se instale una suspicacia y sospecha sobre el protagonista de esta historia que es el presidente Jerí.

Por cierto, Jerí tampoco ha brindado una explicación convincente, verificable y real de por qué acudió encapuchado a un restaurante a juntarse con el empresario chino Zhihua Yang. Por el contrario, las contradicciones han dinamitado la narrativa que apuntaba a instalar para librarse de las graves críticas. Inicialmente, la versión oficial fue que lo invitaron para hablar sobre las actividades por el Día de la Amistad Perú–China que se desarrollará el próximo 1 de febrero. ¿Acaso ese tipo de actividades no deben estar a cargo del ministro de Exteriores y en coordinación con el embajador de China en el Perú?

Jerí se encargó de brindar una nueva versión a la prensa para alimentar la duda en torno al escándalo: “Fui a hacer otras actividades privadas”. ¿Cómo un presidente puede desarrollar actividades privadas sin que estas no puedan conocerse públicamente y por transparencia? La desafortunada respuesta de Jerí evidencia su comprobada inexperiencia y su falta de visión de lo que significa su cargo autoridad presidencial dentro del sistema político. No se da cuenta de la magnitud del escándalo que ha motivado en el Congreso haya voces que busquen citarlo para que pueda responder ante el país.

El asunto, no obstante, parece agravarse aún más tras conocerse que no es la primera vez que Zhihua Yang está cerca de Jerí. Entre diciembre del 2025 y enero de este año, este empresario chino llegó en tres ocasiones a la sede presidencial.

Actualmente, las empresas de Zhihua Yang tienen serios problemas en Perú. Un proyecto para construir una central hidroeléctrica en Apurímac, una región del sur que beneficiará a más de cincuenta mil habitantes, adjudicado a una de sus compañías no registra ningún avance a pesar de que debe entregarlo en marzo de este 2026. De igual manera, otra empresa vinculada al inversor chino, y amigo del presidente Jerí, opera sin licencia en Ica, otra región del sur peruano. Con estos antecedentes se entendería el porqué de esa singular cercanía con Jerí. Una cercanía que podría desencadenar en una futura investigación de la Fiscalía para determinar si hay algún intercambio de favores o no.

“Yo no soy Pedro Castillo ni soy profesor. Soy abogado, sé las leyes”, respondió molesto el presidente Jerí cuando se le comparó con el condenado exmandatario que tuvo un despacho clandestino en una casa, a donde llegaban empresarios para pactar obras a cambio de millonarios sobornos. Lo cierto es que una reunión en un restaurante, a altas

horas de la noche, encapuchado, sin aparecer en la agenda oficial, también podríamos considerar que estamos ante un despacho paralelo fuera de Palacio de Gobierno.

El único responsable de esta crisis, que podría ahondarse aún si salen más hechos que vinculan al empresario chino Zhihua Yang, será el mismo Jerí. Un presidente que empezó bastante dinámico y con la promesa de resolver el problema de la inseguridad que acabó con la administración de su predecesora Dina Boluarte, pero que con las sucesivas semanas su figura se viene debilitando por la clara ausencia de resultados, sus medidas fracasadas y su populismo barato que no sintoniza para nada con el país. De más está decir que cambie cuando le quedan unos meses en la presidencia. Lo único que Jerí debería hacer es una cosa: mantenerse hasta el 28 de julio del 2026 y luego irse a su casa. Nadie lo va extrañar.