Opinión

Las mentiras del presidente José Jerí

Por Rodrigo Chillitupa Tantas


La permanencia de José Jerí en la presidencia de Perú es de pronostico reservado. Si bien la semana pasada advertíamos que la crisis política desatada por su reunión clandestina con el empresario chino Zhihua Yang la noche del 26 de diciembre del 2025 se agravaría si se conocían más hechos en este escándalo, pues no nos equivocamos. El domingo pasado se difundió un nuevo video en el que se observa claramente que Jerí volvió a encontrarse con Yang en un negocio privado fuera de la sede presidencial el 6 de enero último.

Debido a la magnitud de la prueba, el presidente Jerí tuvo que reconocer públicamente que se juntó con Zhihua Yang en tres oportunidades. Pero lo más grave de este asunto es que también se conoció que habría hasta 19 videos de reuniones entre Jerí y Yang que podrían revelarse en los próximos días. Este detalle, sin duda, comprometerían aún más la situación judicial de Jerí, quien ya viene siendo investigado preliminarmente por la Fiscalía por los delitos de patrocinio ilegal y tráfico de influencias.

La defensa mediática del presidente Jerí se ha centrado en que no le mintió al país, que no está involucrado en ningún acto de corrupción con su amigo Zhihua Yang al que llama cariñosamente como el “tío Jhonny”, y que todo forma parte de un complot para erosionar la legitimidad de su gobierno de transición en pleno proceso electoral. Lo cierto es que, sin embargo, el mandatario es el causante de que este tema haya crecido: sus reiteradas contradicciones ponen en duda su versión en esta trama bautizada como el ‘chifagate’.

Jerí dijo inicialmente que se reunió con Yang para hablar sobre las actividades por el Día de la Amistad Perú-China, luego mencionó que fue a cenar al restaurante del empresario chino para atender ‘asuntos privados’, y finalmente aseguró que él invitó a comer a su escolta y al ministro del Interior, Vicente Tiburcio. Tres discursos diferentes en menos de una semana. Lo mismo pasa con la revelación de su visita a uno de los negocios privados de Zhihua Yang: anotó que fue a comprar caramelos chinos, pero después agregó que también se llevó cuadros para su despacho.

Entonces, hay varias preguntas que saltan a la vista: ¿el presidente es consciente que sus erradas respuestas son las que generan que las sospechas aumenten? ¿Por qué no dice la verdad completa y lo hace a cuentagotas? ¿A qué le teme? Sostener una narrativa de victimización ante los cuestionamientos no le hace nada bien a Jerí, quien solo debía asegurar una transición ordenada en estos meses para entregar el gobierno al nuevo presidente el 28 de julio de este año. Además, su otra tarea era mostrar avances contundentes contra la inseguridad ciudadana. Ni uno ni lo otro ha logrado. Su fracaso es evidente.

El presidente Jerí se ha dedicado a repetir el patrón de malas prácticas que hubo durante las administraciones de sus predecesores Pedro Castillo y Dina Boluarte: tener un despacho clandestino fuera de Palacio con el fin de tener reuniones con empresarios que provoca una percepción de falta de transparencia y golpean otra vez a la alicaída investidura presidencial ante la opinión pública y el mundo. Nuevamente, un presidente peruano salpicado en posibles actos de corrupción.

Y las suspicacias se alimentan aún más sobre el accionar de Jerí porque también se sabe que cuando estaba al frente del Parlamento no quiso poner a debate un informe que investigó las corruptelas de las empresas chinas en el Perú, donde curiosamente aparecía el nombre de su amigo empresario Zhihua Yang como un gran operador de intereses. Es decir, hubo una protección en el fuero parlamentario que no permitió que los peruanos conozcan quiénes son los empresarios chinos que hacen lobbies para ganar contratos con el Estado.

En medio de esta historia también se suma el cuestionable hecho que Ji Wu Xiaodong, un empresario chino actualmente investigado por el presunto delito de tala ilegal que cuenta con arresto domiciliario, ingresó a la sede presidencial. El presidente Jerí ha dicho que no se reunió con él, lo cual resulta poco creíble a estas alturas. Y ello porque el mandatario mencionó que coincidió en una ocasión con Wu Xiaodong en el restaurante de Zhihua Yang.

Otro detalle en esta trama del ‘chifagate’ es que 23 ciudadanos chinos ingresaron a Palacio durante la gestión Jerí en los días 5, 9 y 15 de enero. Por ello, decimos que el único responsable de esta crisis es el mismo presidente. Una crisis que podría costarle el cargo porque en el Parlamento hay seis mociones de censura que buscan retirarlo del Ejecutivo. Se necesitan 66 votos de los 130 congresistas que integran la cámara para que Jerí sea expectorado.

Desde Palacio de Gobierno y un sector político -como el fujimorismo- insisten en que una hipotética caída de la gestión Jerí solo provocará una innecesaria inestabilidad y podría impactar negativamente en el proceso electoral en curso. Nada más alejado de la verdad. Por el contrario, se corre el riesgo de que la investidura presidencial de Perú pueda verse manchada aún más ante el mundo si aparecen nuevos hechos que pondrían seriamente en discusión la idoneidad moral del presidente Jerí.

En estos momentos, el Perú requiere de un líder de verdad que sea transparente con sus actos y no un ‘adolescente de 39 años’ (frase de la gran historiadora Carmen Mc Evoy) que parece no tener idea de la gran responsabilidad que posee en sus manos: estar a cargo de un país.