En el marco del Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), especialistas hicieron un llamado a dejar atrás los mitos que rodean esta condición del neurodesarrollo, al advertir que no se trata de una mala crianza, falta de disciplina o una "moda" impulsada por las redes sociales.
El psicólogo clínico y psicoterapeuta, Carlos Sánchez Muñoz, explicó que el TDAH es una condición que afecta la forma en que una persona regula su atención, controla sus impulsos y organiza sus actividades diarias, generando dificultades que pueden impactar la escuela, el trabajo, las relaciones personales e incluso las finanzas.
El especialista aclaró que una de las ideas equivocadas más comunes es pensar que quienes viven con TDAH son incapaces de concentrarse.
Sin embargo, señaló que el problema no radica en la ausencia de atención, sino en la dificultad para dirigirla, sostenerla y cambiarla según las necesidades de cada situación.
Por ello, una persona puede pasar horas enfocada en una actividad que le resulta interesante o estimulante, pero sentirse completamente bloqueada al intentar realizar tareas cotidianas como responder un correo electrónico, pagar una cuenta o elaborar un reporte.
"Eso no significa que esté fingiendo o que sea irresponsable; refleja una dificultad para regular la atención, la motivación y la conducta", explicó.
Carlos Sánchez indicó que el TDAH también compromete las llamadas funciones ejecutivas, es decir, las habilidades que permiten planear, organizar tareas, recordar pendientes, calcular el tiempo o controlar respuestas impulsivas.
En la vida diaria esto puede traducirse en procrastinación constante, olvidos frecuentes, dificultades para iniciar actividades o la sensación de que el tiempo nunca alcanza.
Aunque muchas veces estas conductas se interpretan como desinterés o falta de compromiso, el especialista enfatizó que detrás de ellas existe una condición que requiere atención profesional.
Contrario a la creencia popular, el trastorno no termina necesariamente en la infancia.
El psicólogo explicó que muchas personas llegan a la adolescencia y a la edad adulta con síntomas que cambian de forma, pero continúan afectando su vida cotidiana.
En lugar de hiperactividad evidente, los adultos pueden presentar inquietud constante, cambios frecuentes de actividad, problemas para administrar el tiempo, impulsividad, olvidos y una sensación permanente de estar "corriendo contra el reloj".
Otro aspecto poco conocido es que las niñas y mujeres suelen pasar desapercibidas porque, en muchos casos, no presentan hiperactividad visible.
En cambio, pueden parecer distraídas, soñadoras, ansiosas o excesivamente perfeccionistas, desarrollando estrategias para compensar sus dificultades, aunque esto implique un gran desgaste emocional.
Por ello, tener buenas calificaciones o una vida aparentemente organizada no descarta la presencia del trastorno.
Sánchez Muñoz subrayó que olvidar cosas, distraerse o procrastinar ocasionalmente no es suficiente para diagnosticar TDAH.
El diagnóstico debe considerar que los síntomas sean persistentes, hayan estado presentes desde etapas tempranas de la vida y provoquen un deterioro importante en distintas áreas.
Además, recalcó que no existe un análisis de sangre, una resonancia magnética ni un test en internet que confirme por sí solo el diagnóstico.
Para ello se requiere una evaluación clínica especializada, que incluya la historia del desarrollo de la persona, ejemplos de su vida cotidiana y un diagnóstico diferencial para descartar otras condiciones como ansiedad, depresión, estrés crónico, trastornos del sueño o consumo de sustancias.
Respecto al tratamiento, el especialista afirmó que no existe una solución única, sino un abordaje personalizado que puede incluir:
Aclaró que los medicamentos no deben verse como un castigo ni como una forma de hacer obedientes a los niños, sino como una herramienta clínica que puede beneficiar a algunos pacientes cuando forma parte de un tratamiento integral.
Carlos Sánchez destacó que el apoyo familiar resulta esencial para mejorar la calidad de vida de quienes viven con TDAH.
Recomendó sustituir los regaños por estrategias prácticas, como dividir las tareas en pasos pequeños, utilizar recordatorios visuales, establecer tiempos realistas, reducir distractores y reconocer el esfuerzo, no solo los resultados.
También pidió evitar la humillación como método educativo.
"La vergüenza no mejora las funciones ejecutivas", enfatizó.
Finalmente, el psicólogo hizo un llamado a no caer en el autodiagnóstico basado en redes sociales o cuestionarios en internet.
Señaló que, ante la sospecha de TDAH, lo recomendable es acudir con un profesional con experiencia en esta condición.
"Un diagnóstico responsable no es una condena ni una excusa. Es una herramienta para comprender lo que ocurre, acceder al tratamiento adecuado y dejar de vivir con culpa o vergüenza", concluyó el especialista.