China comenzó a implementar un sistema de enfriamiento urbano que promete reducir entre 5 y 8 grados Celsius la temperatura del aire y de las superficies exteriores durante las olas de calor, utilizando menos electricidad que los sistemas tradicionales de aire acondicionado.
La tecnología consiste en un sistema de nebulización instalado en las azoteas de los edificios. Cuando sensores detectan altas temperaturas, activan boquillas que pulverizan microgotas de agua, las cuales se evaporan casi de inmediato al entrar en contacto con el aire caliente.
El funcionamiento se basa en la refrigeración por evaporación, el mismo principio físico que utiliza el cuerpo humano al sudar: al evaporarse, el agua absorbe calor del ambiente, lo que ayuda a disminuir la temperatura del entorno.
Según los reportes, el sistema puede reducir la temperatura de fachadas, tejados, patios y calles entre 5 y 8 grados durante episodios de calor extremo. Sin embargo, los especialistas aclaran que esto no significa que el interior de las viviendas se enfríe automáticamente en la misma proporción.
Otra de las ventajas es su menor consumo eléctrico, ya que no utiliza compresores ni gases refrigerantes como los aires acondicionados convencionales. En su lugar, opera con bombas de agua y una red de tuberías, lo que puede disminuir la demanda de energía para climatizar edificios y ayudar a reducir el efecto de "isla de calor" en las ciudades.
No obstante, la tecnología también enfrenta desafíos. Su eficacia depende de que el clima sea seco, ya que en ambientes con alta humedad las microgotas tardan más en evaporarse y el efecto de enfriamiento disminuye. Además, requiere un consumo importante de agua, por lo que especialistas consideran que, de extenderse su uso, debería emplear preferentemente agua reciclada o de lluvia para evitar un impacto sobre los recursos hídricos.