Hay momentos en la historia de la ciencia que marcan un antes y un después. El lanzamiento del telescopio espacial Nancy Grace Roman, ocurrido el pasado 30 de agosto, es uno de ellos. Este instrumento es, según los astrónomos, la herramienta más poderosa jamás construida para fotografiar el universo a escala panorámica, rastrear millones de galaxias y buscar nuevos mundos más allá de nuestro sistema solar.
Para entender qué significa este lanzamiento, XEU Noticias conversó con el Dr. José Eduardo Méndez Delgado, investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien explicó con claridad el alcance de esta misión y lo que la humanidad espera descubrir con ella.
Una de las primeras confusiones que surge al hablar del Nancy Roman es su parecido aparente con el telescopio James Webb. Ambos observan el universo en el espectro infrarrojo, pero ahí terminan las similitudes. Sus objetivos son radicalmente distintos y, de hecho, se complementan.
El James Webb fue diseñado para observar con un nivel de detalle extraordinario objetos específicos del cosmos. Méndez Delgado lo explicó con una analogía que no deja lugar a dudas:
"Los objetivos son distintos. El James Webb es como si pensáramos en un microscopio que detecta la luz y resuelve con mucho detalle toda la información que proviene de las galaxias, mientras que el Nancy Roman lo que busca es tener una gran cantidad de datos, una gran cámara panorámica del universo".
En otras palabras: si el James Webb es el bisturí, el Nancy Roman es el mapa. Uno va al detalle quirúrgico; el otro, a la imagen completa. Y esa imagen completa es exactamente lo que la ciencia necesita para resolver una de las preguntas más profundas que tiene la humanidad sobre su propio universo.
Desde finales del siglo pasado, los astrónomos saben que el universo no solo se expande, sino que lo hace de forma acelerada. Lo que no se sabe con certeza es por qué. Detrás de esa aceleración se esconde lo que los científicos llaman energía oscura, uno de los fenómenos más misteriosos y menos comprendidos de la física moderna.
Para descifrar ese misterio, no basta con observar unas cuantas galaxias. Se necesita una muestra estadística masiva, de proporciones que ningún telescopio anterior ha podido alcanzar. Ahí entra el Roman.
"Necesitamos muchísimas galaxias, millones y millones de ellas, para poder contestar esta pregunta".
El investigador de la UNAM explicó que, mientras en el universo cercano hay galaxias que incluso se aproximan a la Vía Láctea, como Andrómeda, al observar sistemas cada vez más distantes se hace evidente que las galaxias se están separando entre sí a un ritmo creciente. Entender ese ritmo, compararlo a lo largo de miles de millones de años luz y construir un mapa estadístico del comportamiento cósmico es, precisamente, la misión central del Nancy Roman.
"Lo que queremos lograr como humanidad con el Nancy Roman es contestar a la pregunta de por qué el universo se está expandiendo como lo está haciendo".
El estudio de la expansión cósmica no es la única razón para entusiasmarse con esta misión. El telescopio Nancy Grace Roman también llevará la búsqueda de exoplanetas a un nivel sin precedentes.
Los exoplanetas son planetas que orbitan estrellas distintas al Sol. Ya se han confirmado miles de ellos, pero lo que se busca ahora es algo más ambicioso: no solo detectarlos, sino conocer sus características, composición, tamaño y, sobre todo, evaluar si alguno podría tener las condiciones necesarias para albergar vida.
El problema técnico que complica estas observaciones es el brillo de las propias estrellas. Cuando un planeta pasa frente a su estrella, bloquea una pequeña fracción de esa luz, lo que permite inferir su presencia. Pero observar directamente al planeta es otro asunto: la luminosidad estelar lo opaca casi por completo.
Para resolverlo, el Roman incorpora tecnología capaz de modelar y sustraer parte de esa luz, abriendo una ventana antes imposible.
"Quisiéramos que la estrella se apagara para poder observar el planeta con el máximo detalle".
El enfoque del Roman en esta área no será el de estudiar uno o dos exoplanetas con lupa, sino el de construir un catálogo amplio que permita comparar características y avanzar hacia respuestas más sólidas sobre la posibilidad de vida en otros mundos.
"Necesitamos un estudio amplio, donde veamos muchísimos de estos exoplanetas y lo hagamos con mucho detalle, para poder nosotros saber qué características tienen".
Tras su lanzamiento, el telescopio Nancy Grace Roman se encuentra en ruta hacia el punto de Lagrange 2, una zona de equilibrio gravitacional ubicada a aproximadamente 1.5 millones de kilómetros de la Tierra, en la dirección opuesta al Sol. Desde ahí operan también el James Webb y otros observatorios espaciales, ya que la estabilidad de esa región permite realizar observaciones de largo plazo sin interferencias.
El trayecto tomará varios meses. Durante ese tiempo, el telescopio no permanecerá inactivo: irá desplegando y calibrando sus componentes, realizando pruebas técnicas para asegurar que todo funcione correctamente al llegar a su posición definitiva.
Según explicó Méndez Delgado, la llegada al punto de Lagrange 2 está prevista para finales de noviembre o principios de diciembre. A partir de ese momento, comenzará la etapa de operación científica plena.
El investigador también subrayó que esta no es una misión exclusivamente estadounidense. Científicos de diferentes partes del mundo participan en el proyecto, lo que le da un carácter de colaboración científica internacional.
Cada vez que un gran telescopio ha comenzado a operar, los descubrimientos más importantes han sido aquellos que nadie anticipaba. El James Webb, sin ir más lejos, detectó galaxias maduras en épocas tan tempranas del universo que pusieron en jaque algunos modelos cosmológicos establecidos.
Con el Nancy Grace Roman, la comunidad científica espera obtener datos sin precedentes sobre la expansión del universo, los exoplanetas y las grandes estructuras cósmicas. Pero también sabe que lo más emocionante podría ser aquello que aún no es posible imaginar.
"Realmente es difícil predecir con qué nos vamos a encontrar".
Y esa incertidumbre, lejos de ser una debilidad, es precisamente lo que hace grande a la ciencia.
Foto: NASA/John Kraus