Astrónomos identificaron una población de 84 objetos cósmicos que habían pasado desapercibidos en observaciones del Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA, debido a que emiten principalmente radiación en longitudes de onda difíciles de detectar.
Los objetos fueron identificados como fuentes de rayos X hipersuaves, una categoría caracterizada por emisiones de rayos X de muy baja energía. De acuerdo con el estudio publicado en Nature Astronomy, algunos de estos objetos podrían liberar una cantidad de energía equivalente a cientos de miles o incluso millones de veces la que emite el Sol.
La mayor parte de la radiación de estas fuentes probablemente se encuentra en la región conocida como ultravioleta extrema (EUV), ubicada entre la luz ultravioleta y los rayos X.
El problema es que el gas existente entre las estrellas puede absorber gran parte de esta radiación antes de que llegue a los telescopios. Por ello, el observatorio Chandra solo registra una pequeña fracción de la emisión, correspondiente a rayos X de baja energía.
El equipo de investigación encontró entre 7 y 21 fuentes en cada una de seis galaxias analizadas, entre ellas la galaxia de Andrómeda y M101.
Los científicos descartaron que se tratara simplemente de errores en los detectores debido a que varias de las fuentes aparecieron repetidamente en las mismas posiciones durante diferentes observaciones. Además, algunas también fueron detectadas por el telescopio espacial XMM-Newton.
La ubicación de los objetos proporcionó otra pista. En M101, varias de las fuentes se concentran siguiendo los brazos espirales de la galaxia, mientras que otras fueron localizadas en regiones donde predominan estrellas más antiguas, como ocurre en las galaxias elípticas.
Los investigadores estiman que menos del 3 por ciento de las fuentes podrían corresponder a objetos que no están relacionados con las galaxias estudiadas.
Por ahora, los astrónomos no han determinado la naturaleza exacta de las 84 fuentes. Entre las posibilidades se encuentran enanas blancas, estrellas de neutrones y agujeros negros que acumulan materia.
Una de las hipótesis que más interés genera está relacionada con las enanas blancas, los restos compactos que quedan después de la muerte de estrellas similares al Sol.
En algunos sistemas, una enana blanca puede atraer material de una estrella compañera. El gas acumulado puede aumentar su temperatura y densidad y, bajo determinadas condiciones, contribuir a una explosión conocida como supernova de tipo Ia.
Estas explosiones tienen especial importancia para la astronomía porque son utilizadas para medir distancias a escalas cósmicas. Sin embargo, los astrónomos han encontrado menos sistemas progenitores de los esperados.
Por ello, algunas de las nuevas fuentes hipersuaves podrían representar una etapa previa de ciertos sistemas que eventualmente podrían producir una supernova de tipo Ia. Esto, sin embargo, no significa que las 84 fuentes estén destinadas a explotar.
Los investigadores consideran que las 84 fuentes identificadas podrían representar solamente la parte más brillante de una población mucho mayor. La capacidad de Chandra para detectar rayos X de estas energías es limitada y la contaminación acumulada en sus detectores también dificulta la identificación de objetos débiles.
Además de ayudar a comprender la evolución de las enanas blancas, el estudio plantea que estas fuentes podrían influir en el entorno de sus propias galaxias. La radiación ultravioleta extrema que producen puede modificar el gas interestelar.
Para conocer con mayor precisión qué tipo de objetos se encuentran detrás de estas emisiones, los astrónomos necesitan realizar observaciones que permitan determinar sus temperaturas y características. La combinación de observaciones en luz ultravioleta y rayos X podría aportar nuevas pistas.
El estudio fue publicado en la revista científica Nature Astronomy y abre una nueva línea de investigación sobre objetos que, aunque pueden ser extremadamente luminosos, permanecen prácticamente ocultos para los telescopios debido a la forma en que emiten su energía.
Fuente: Science Alert