Los ajolotes mexicanos tienen una capacidad que ha llamado la atención de los científicos: pueden distinguir entre aberturas de diferentes tamaños y elegir la más grande para atravesarla, incluso en condiciones de oscuridad.
El hallazgo fue documentado por un equipo de investigadores que estudió las capacidades cognitivas de esta especie, conocida científicamente como Ambystoma mexicanum, y cuyos resultados fueron publicados en la revista Animal Behaviour en 2026.
La investigación aporta información sobre cómo estos anfibios perciben su entorno y toman decisiones para desplazarse, pese a que tienen una visión limitada y habitan de manera natural en aguas turbias.
Para estudiar su comportamiento, los investigadores trabajaron con 24 ajolotes jóvenes, de aproximadamente siete meses de edad, alojados en tanques.
El experimento consistió en colocar una división de plástico con dos aberturas circulares de distintos tamaños. Ambas permitían que los animales pasaran sin dificultad, pero una era más grande que la otra.
Durante 18 días, los científicos probaron seis combinaciones de aberturas, con diferentes diferencias de tamaño, y registraron por cuál de ellas preferían cruzar los ajolotes.
Para descartar que los resultados se debieran a una preferencia por un lado específico del tanque, los investigadores cambiaron la posición de los agujeros a mitad de cada periodo de prueba.
Los resultados mostraron que los 22 ajolotes que tuvieron suficiente actividad para ser incluidos en el análisis prefirieron de manera estadísticamente significativa la abertura más grande.
Además, cuanto mayor era la diferencia entre los dos agujeros, más marcada resultaba la preferencia por el espacio más amplio.
Uno de los resultados más llamativos fue que esta preferencia se mantuvo durante la noche, cuando los ajolotes tenían menos actividad y cruzaban con menor frecuencia la división.
Sin embargo, cuando se desplazaban en condiciones de oscuridad, continuaban eligiendo la abertura más grande en una proporción similar a la observada durante el día.
Los investigadores Oxána Bánszegi, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Péter Szenczi, del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, señalaron que este resultado muestra que la visión no siempre es indispensable para resolver este tipo de tareas.
Una posible explicación es el sistema de línea lateral de los ajolotes, una estructura sensorial que detecta movimientos del agua y pequeños cambios de presión.
Este mecanismo podría ayudarles a percibir las características de su entorno y evaluar los espacios por los que pueden desplazarse. No obstante, el experimento no determinó exactamente qué señales utilizan para distinguir las aberturas.
Los científicos precisaron que los resultados no demuestran que los ajolotes puedan contar ni que tengan capacidades de razonamiento matemático.
Lo que sí sugieren es que pueden discriminar entre dimensiones espaciales y utilizar esa información para elegir por dónde pasar, una habilidad que podría resultar útil en su hábitat natural.
Esta capacidad tiene relevancia si se considera que los ajolotes viven en ambientes acuáticos donde la visibilidad puede ser limitada y necesitan desplazarse entre distintos espacios sin quedar atrapados o sufrir lesiones.
Los investigadores destacaron que todavía queda mucho por conocer sobre el comportamiento de esta especie y la manera en que procesa la información de su entorno.
Los ajolotes son ampliamente estudiados por su capacidad de regenerar estructuras corporales, incluidas extremidades, y por su importancia para la investigación científica.
Sin embargo, sus habilidades cognitivas han recibido menos atención en comparación con sus capacidades regenerativas.
De acuerdo con los investigadores, comprender mejor cómo perciben su entorno y toman decisiones podría contribuir a mejorar su bienestar en cautiverio, apoyar los esfuerzos de conservación y ampliar el conocimiento sobre esta especie.
El estudio abre nuevas preguntas sobre los sentidos que utilizan los ajolotes para orientarse y sobre la complejidad de su comportamiento, incluso en condiciones en las que la visión resulta limitada.