La presencia de grasa parda en el organismo podría estar relacionada con una menor frecuencia de diagnósticos de ansiedad y depresión, de acuerdo con una investigación publicada en la revista científica Nature, que analizó los registros médicos de más de 100 mil pacientes en Estados Unidos.
La grasa parda es un tipo de tejido adiposo que se encuentra principalmente en zonas como el cuello, cerca de las clavículas y las axilas. A diferencia de la grasa blanca, que almacena energía, este tejido tiene la capacidad de producir calor cuando se activa por la exposición al frío.
La investigación fue realizada por un equipo encabezado por Nicolás Gómez-Banoy, endocrinólogo e investigador de la Universidad Rockefeller, quien explicó que el vínculo entre este tejido y la salud mental no había sido documentado previamente.
Para el estudio, los investigadores analizaron los registros de más de 100 mil pacientes del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en Nueva York. Revisaron tomografías PET/CT realizadas por motivos médicos, así como diagnósticos y registros de medicamentos.
Al comparar a pacientes con grasa parda detectable y aquellos que no presentaban este tejido en sus estudios, encontraron diferencias en la frecuencia de diagnósticos de depresión.
De acuerdo con los resultados, el 5.4 por ciento de los pacientes con grasa parda detectable tenía diagnósticos de episodios depresivos, mientras que entre quienes no presentaban este tejido la proporción fue de 8.2 por ciento.
Los diagnósticos de trastornos de ansiedad también fueron menos frecuentes entre los pacientes que tenían grasa parda detectable.
Los investigadores señalaron que estas asociaciones se mantuvieron incluso después de considerar factores como la edad, el sexo, el índice de masa corporal, el tabaquismo, el tipo y etapa del cáncer, así como los tratamientos recibidos.
Además, mediante herramientas de inteligencia artificial, analizaron el volumen y la actividad de la grasa parda en distintas regiones del cuerpo. Encontraron que una mayor actividad de este tejido en las axilas estaba particularmente relacionada con mejores indicadores de salud cardiovascular y metabólica.
Otro de los hallazgos fue que los pacientes con grasa parda detectable presentaban niveles más bajos de azúcar en la sangre, incluido un indicador que permite conocer el comportamiento de la glucosa durante un periodo prolongado.
Gómez-Banoy explicó que una posible interpretación es que las personas con este tejido presentan un perfil metabólico más favorable, una distribución de grasa más saludable y menores marcadores de inflamación, factores que también han sido relacionados con mejores resultados en la salud mental.
El estudio también encontró una relación entre determinados medicamentos y la presencia de grasa parda. Los pacientes que utilizaban algunos antidepresivos de la clase de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) tenían menos probabilidades de presentar este tejido detectable.
En contraste, quienes tomaban ciertos medicamentos para controlar la presión arterial tenían mayores probabilidades de presentar grasa parda. Uno de estos fármacos, el losartán, fue evaluado en experimentos de laboratorio con células de grasa parda y en ratones, donde se observó un aumento en su actividad y un mayor gasto energético.
Sin embargo, en estos experimentos no se evaluaron cambios relacionados con la ansiedad o la depresión.
Los autores aclararon que los resultados no demuestran que la grasa parda prevenga o reduzca directamente la ansiedad y la depresión, debido a que la investigación fue retrospectiva y únicamente identificó asociaciones entre estos factores.
También señalaron que el estudio se realizó con pacientes de un centro especializado en cáncer y que más de tres cuartas partes de los participantes de los grupos comparados eran mujeres, por lo que los resultados deben interpretarse considerando las características de esa población.
Ante estos hallazgos, los investigadores plantearon que futuros ensayos sobre tratamientos destinados a activar la grasa parda también deberían evaluar si se presentan cambios en la salud mental de los pacientes.
La investigación fue publicada en la revista científica Nature.