Entre la necesidad y la tradición, algunos artesanos provenientes de San Salvador el Seco, Puebla, llegan a la ciudad de Veracruz para vender sus molcajetes de piedra.
Ana Cristina Macedonia y Armando Ortiz, una pareja de jóvenes trabajadores, narran las vicisitudes que atraviesan para elaborar las artesanías y después comercializarlas.
Elaboración
En entrevista afirman que acuden a la cantera, extraen los trozos de piedra, los transportan a sus talleres y con maquinaria les dan forma.
Aunque depende del tamaño, cada molcajete es elaborado en aproximadamente tres horas, por la experiencia que tienen quienes se dedican a esa actividad.
Cada familia cuenta con las indumentarias y herramientas para poder trabajar el pesado material y convertirlo en molcajetes, tecuichas (piedra cilíndrica o cónica utilizada para moler y martajar alimentos) y figuras decorativas para los hogares.
Precios
Los precios también varían, pero van desde los 130 pesos hasta los 390 pesos aproximadamente, porque todavía hay quienes prefieren tener con qué hacer las salsas de forma manual, aunque cada vez menos.

A las bajas ventas se suma que hay personas que regatean, es decir, buscan pagarles menos por sus artesanías que hacen con mucho esfuerzo.
Riesgos a la salud
"Hay gente que se mata, que se enferma de los pulmones porque les entra el polvo (de la piedra) a los pulmones y ellos no lo valoran, pero este trabajo es carito", indica Armando.

También los obreros llegan a sufrir heridas cuando se cortan con los discos utilizados para formar las piezas, pero lo toman como parte de la rutina.
Por las calles del centro de Veracruz ofrecen los productos que despiertan la curiosidad de algunas personas, intentando subsistir ante las adversidades y la difícil situación económica que prevalece.
Cabe destacar que no tienen un lugar fijo para vender, sin embargo, se les encuentra normalmente entre las avenidas Independencia; 5 de Mayo; y Zaragoza.