Hace 14 años, la vida de Ricardo Tapia cambió para siempre. La muerte de su nuera en un accidente dejó a tres niños sin la figura materna, mientras que su hijo cayó en las adicciones y se alejó de sus responsabilidades. Ante ese panorama, Ricardo no dudó en asumir el papel de padre.
Hoy, a sus 58 años, recuerda el momento en que tomó una decisión que marcó su destino y el de sus nietos.
“De Brandon me hice cargo desde que tenía un año de haber nacido, desde ahí me hice cargo de mi nieto, de mis tres nietos”, relata.
El menor de ellos, Brandon, tiene actualmente 15 años. Sus hermanos mayores ya formaron sus propias familias, pero durante gran parte de su infancia crecieron bajo el cuidado de su abuelo, quien enfrentó dificultades económicas para garantizarles alimento, educación y un hogar.
Ricardo trabajó durante años en la albañilería y ahora labora en el área de mantenimiento de un hotel en Boca del Río. Reconoce que el camino nunca resultó sencillo.
“Ha sido un proceso largo. No ha sido nada fácil para mí porque realmente me dedico a la albañilería y en la albañilería a veces se trabaja, a veces no. Darles estudio y sacarlos adelante ha sido algo duro”, afirma.
A pesar de las carencias, nunca consideró abandonar su responsabilidad.
“No me arrepiento porque son mi sangre. Son parte de mí”, expresa.
Al inicio enfrentó otro desafío: la ausencia de su esposa. Ricardo recuerda que ella no aceptó la situación y se marchó, dejándolo solo al cuidado de los tres niños. Sin embargo, con el paso del tiempo regresó y decidió sumarse al esfuerzo familiar.
“Poco a poco ella se dio cuenta de que yo los trataba de sacar adelante. Volvió, me pidió disculpas y se reintegró a apoyar también a los niños”, cuenta.
Para Ricardo, ser padre de sus nietos ha significado mucho más que cubrir gastos. También les ha brindado apoyo emocional y afectivo.
“Tenemos que darles apoyo total, tanto económico como psicológico y amor paternal, porque realmente es lo que más necesitan”, señala.
La historia de Brandon también ha puesto a prueba a la familia. Tras un accidente que afectó seriamente su movilidad, el adolescente recibió una prótesis que le permitió recuperar parte de su independencia. Aunque dejó la natación por motivos económicos, encontró nuevamente refugio en su gran pasión: el fútbol.
“Ya se integró al fútbol, pero como entrenador de un equipo. Es lo que le gusta, lo que le apasiona”, dice orgulloso.
Ricardo procura impulsar cada uno de los sueños de su nieto.
“Yo lo motivo. Le digo: si algo te gusta, sal adelante con lo que te gusta. Nunca le he puesto impedimento para nada”, comenta.
Brandon está por concluir la secundaria y ya tiene claro su siguiente objetivo: estudiar arquitectura.
“Me dice: ‘Yo voy a agarrar la carrera de arquitectura’. Y yo le respondo: ‘Adelante, lo que tú desees, yo te apoyo en todo’”, relata.
Cuando habla de los años que dedicó a la crianza de sus nietos, Ricardo no menciona sacrificios materiales ni noches de preocupación. Lo primero que viene a su mente es el orgullo.
“Mi mayor satisfacción ha sido verlos crecer, verlos volverse hombres. Me he sentido como su padre, a pesar de que soy su abuelo”, asegura.
En el marco del Día del Padre, Ricardo define su papel dentro de la familia como el pilar que sostiene el hogar.
“Para mí representa ser un padre para ellos, para mi familia. Ser el eje que mueve todo”, expresa.
Finalmente, envía un mensaje a las familias veracruzanas.
“Amen mucho a su familia, quieran mucho a sus hijos, protéjanlos. Los tiempos son difíciles y hay que cuidarlos en todo momento”.
Mientras Brandon sueña con convertirse en arquitecto, Ricardo trabaja cada día con la esperanza de verlo cumplir esa meta. Después de todo, durante más de una década ha demostrado que la paternidad no siempre depende de los lazos directos de sangre, sino del amor, la responsabilidad y la decisión de permanecer cuando más se necesita.