Cuando la vida cambió de golpe: Pedro pasó de abuelo a papá de su nieto

Imagen Cuando la vida cambió de golpe: Pedro pasó de abuelo a papá de su nieto

Por: Joel Cruz
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Hay historias que no necesitan adornos para conmover. La de Pedro Molina Gutiérrez es una de ellas. Tuvo tres hijos y cuando menos se lo imaginó se convirtió también en el papá de su nieto.

Hace seis años tomó la decisión de hacerse cargo de Axel, quien vivía con precariedades y en un contexto que no era el adecuado para un niño de cinco años de edad.

Pese a las adversidades y la falta de un trabajo formal tomó las riendas y empezó a luchar para sacar adelante a un pequeño que requería todos los cuidados.

Desde ese momento asumió la responsabilidad de la crianza, algo que ya había vivido hace décadas cuando recién formó una familia.

“Lo más difícil es haberme quedarme sin empleo teniendo a mis hijos pequeños, comprarles en esa época pañales, ropa y leche; me la vi muy difícil”.

Cuando creyó que había cumplido con su obligación de papá la vida le tenía preparada otra sorpresa con su nieto.

“La verdad es que el niño estaba algo descuidado; entonces me avoqué con mi pareja a que me apoyara, primero la convencí a ella que si me apoyaba para sacar al niño de donde se encontraba y me dijo que sí y me volví a echar la responsabilidad de empezar de cero, estaba chiquito, tenía cinco años. Me compró comprarle ropa, zapatos, útiles, uniforme y se me hizo algo cansado, tenía cinco años cuando lo rescaté.

Yo tengo la custodia de él desde que tenía cinco años, es mi hijo porque lo tengo bajo mi techo, le doy estudio, alimentación, vestimenta, todo”.

Al ver las necesidades que imperan en casa, con los gastos y la difícil situación económica, el niño que ahora tiene 11 años de edad, busca apoyar y le pide a su abuelo dejarlo trabajar.

“Si me consigues una canasta, me pones dulces y me voy a vender y le digo ‘no hijo, eso no, tú lo que tienes que hacer es echarle ganas al estudio y lo que más te gusta, primeramente Dios seas alguien en la vida, mírate en el espejo de quiénes somos nosotros para que no caigas así y seas alguien en la vida”.

Su sueño es verlo convertido en un hombre de bien.

“Yo quisiera alcanzar, llegar a esa etapa en donde él, porque me dice papá-abuelo, me diga ‘papá mira tengo mi título, tengo mi título y soy esto’; sería el máximo reconocimiento que tendría”.

En el hogar han pasado momentos complicados, en los que la noche y la soledad se han convertido en las mejores consejeras.

“Llegamos a su humilde casa a lo que nos toca siempre: bañarse, cenar y acostarse. Pero yo me quedé como hasta las 2:00 de la mañana pensando, llega un momento en el que cae la desesperación o impotencia porque no hay empleo, la situación económica está demasiado precaria, no alcanza. El niño me pide leche, me pide cereal, el desayuna, lleva lonche, cuando llegamos aquí traemos comida, llegamos a la casa tenemos que cenar y a veces uno como padre a veces tiene que quitarse el taco de la boca para dárselo a él que él necesita”.

Jorge se auto emplea, hace trabajos de impermeabilización, electricidad, pintura y otras labores. Además tiene un puesto frente al parque Zamora, en el centro de la ciudad de Veracruz, del lado de López Rayón afuera de una farmacia.

Con un nudo en la garganta pero la esperanza de que vendrán tiempos mejores, afirma que en muchas ocasiones la figura paterna no es valorada.

“Es que con el paso del tiempo nosotros mismos los padres hemos  llegado a que esto no se valore, porque así como habemos padres bien, habemos padres que actuamos mal con los hijos, ese es el motivo por el cual también siento que no estamos valorados por lo mismo, por culpa de unos pagan otros”.

Narrar este caso no es para romantizar el sacrificio o las carencias reales que enfrentan familias como la suya, sino para reconocer que la paternidad, en todas sus formas, es un acto de voluntad y de amor.

Y que a veces, los héroes cotidianos no usan capa. Usan la misma ropa de siempre y salen cada día a hacer lo que hay que hacer.

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