Cada día que pasa es un día más sin respuestas. Para Leticia Valerio, integrante del colectivo Solecito, el tiempo se ha detenido desde hace casi 11 años, cuando su hijo desapareció en el centro de Veracruz. Desde entonces, su vida cambió para siempre.
Como ella, cientos de madres han dejado atrás su rutina para convertirse en buscadoras, investigadoras y hasta exploradoras de fosas clandestinas, realizando una labor que, afirman, debería corresponder a las autoridades.
"Es algo muy fuerte, muy duro para todas nosotras tener que buscar a nuestros familiares cuando tendría que ser el gobierno, la Fiscalía", expresa con la voz entrecortada.
El Colectivo Solecito pasó a la historia tras localizar la fosa clandestina de Colinas de Santa Fe, donde fueron encontrados cerca de 300 cuerpos. Sin embargo, el hallazgo no significó el final para muchas familias.
De acuerdo con Leticia, cientos de restos permanecen sin ser identificados por la falta de recursos para realizar pruebas de ADN y confrontas genéticas.
Su hijo, Ricardo Delgado Valerio, tenía 32 años cuando desapareció. Aquella noche salió de un bar en el centro de Veracruz y nunca volvió a casa. Desde entonces, no existe una pista clara sobre su paradero.
"Yo tengo mi hijo que ya va a cumplir 11 años de desaparecido... hasta ahorita no tengo una seña, no sé nada, absolutamente nada", relata.
La búsqueda, dice, no solo implica recorrer terrenos o participar en excavaciones. También significa enfrentarse a la indiferencia institucional, al miedo y al desgaste emocional.
"Muchas veces somos revictimizadas por las dependencias de la Fiscalía. No nos hacen caso. Es bastante desgastante porque el tiempo pasa y seguimos sin respuestas", lamenta.
A pesar de todo, Leticia no ha perdido la esperanza
Cada cuerpo encontrado representa la posibilidad de que otra familia termine con la incertidumbre, aunque la suya continúe.
"El trabajo que tienen que hacer ellos nosotros lo hemos hecho y con mucho amor. Porque si yo no encuentro a mi hijo, encontraré al hijo de alguna otra persona", afirma.
En Solecito hay cerca de 200 integrantes: madres, padres, hijos, esposas y hermanos unidos por el mismo dolor. Algunos llevan más de 19 años buscando a sus seres queridos sin una respuesta.
Mientras las carpetas de investigación avanzan lentamente, ellas siguen caminando bajo el sol, escarbando la tierra y sosteniendo las fotografías de quienes un día salieron de casa y nunca regresaron.
Porque para una madre buscadora, la esperanza nunca desaparece. Solo cambia de lugar: ahora vive en cada jornada de búsqueda, en cada llamada que suena y en cada amanecer con la ilusión de que, algún día, sus hijos vuelvan a casa.