Los recientes temblores registrados en diferentes partes del mundo no solo han sacudido el suelo, sino también las redes sociales. En cuestión de horas, mensajes que hablan del "fin de los tiempos", de señales apocalípticas y de supuestas catástrofes inminentes se viralizan con una velocidad que, según la Iglesia Católica, representa un riesgo real para la salud emocional de la población. Ante este panorama, la diócesis de Veracruz pide calma, responsabilidad y, sobre todo, sentido común.
El padre Aurelio Mojica Limón, vocero de la diócesis de Veracruz, indicó: los fenómenos naturales históricamente han sido terreno fértil para sembrar el miedo a través de mensajes fatalistas, y esta vez no es la excepción. Su llamado se dirigió tanto a creyentes como a quienes no profesan ninguna fe, con un mismo mensaje de fondo: no caigan en el pánico.
"Hay que conservar esas palabras que siempre el Señor nos ha dado de esperanza, de aliento, de no caer en el pánico".
Desde la perspectiva doctrinal, el sacerdote recordó algo que forma parte del núcleo mismo de la enseñanza cristiana: ni los ángeles, ni los profetas, ni ser humano alguno conoce el momento exacto del fin. Esa certeza teológica, lejos de ser un simple consuelo, es para Mojica Limón la base sobre la que debería sostenerse la tranquilidad de la gente.
El mensaje no es de indiferencia ni de descuido, sino de equilibrio. Prepararse, vivir en paz consigo mismo y con los demás, y mantener la fe son los pilares que el vocero propone como respuesta genuina frente al miedo colectivo que se dispara cada vez que tiembla la tierra.
"Hay que estar preparados, hay que prepararse, hay que estar en paz con Dios, en paz con uno mismo, en paz con los demás".
Uno de los puntos más interesantes de la reflexión del padre Mojica Limón fue su reconocimiento de que el miedo ante un sismo es una reacción completamente normal y humana. No pretendió eliminar esa emoción con un simple discurso de "no tengas miedo", porque sabe que eso no funciona así. Lo que sí distinguió con claridad es la diferencia entre el miedo como mecanismo de protección y el pánico como estado que paraliza y lleva a tomar decisiones peligrosas.
Precisamente por eso, el sacerdote subrayó la importancia de que la población conozca los protocolos de seguridad y las medidas de prevención ante sismos, en lugar de quedar atrapada en un ciclo de terror alimentado por información no verificada. Saber qué hacer cuando tiembla salva vidas; el pánico, en cambio, las pone en riesgo.
"Hay que tratar de no dejarse ganar o llevar por este tipo de mensajes y, sobre todo, cuando sabemos que un fenómeno natural como es el temblor no se puede predecir".
El vocero también advirtió sobre los efectos concretos que generan los contenidos alarmistas en redes sociales: ansiedad sostenida, problemas para conciliar el sueño e incluso accidentes provocados por el estado de alerta permanente en que quedan muchas personas. No se trata solo de un malestar pasajero, sino de un daño que puede extenderse en el tiempo si no se pone freno a la desinformación.
Cada año, cuando se acerca el noveno mes del calendario, México revive una memoria dolorosa. Los terremotos de 1985 y 2017, ambos ocurridos en septiembre, dejaron una huella imborrable en la historia del país y, con ella, una especie de temor anticipado que se renueva puntualmente con la llegada de ese mes. En redes sociales, frases como "ya viene septiembre" circulan como advertencia informal, casi como una profecía anual.
El padre Mojica Limón abordó este tema con la misma serenidad que caracterizó toda su intervención. No negó que haya habido coincidencias de fechas, pero fue enfático en señalar que los sismos no siguen un calendario ni respetan meses específicos.
"Ha coincidido en fechas, en el mes, pero yo creo que el año pasado pues no y otros años ya no hemos tenido nada de esto".
La lógica es simple pero contundente: si en algunos septiembres no ha ocurrido nada, entonces asumir que este año necesariamente traerá un gran terremoto no tiene ningún sustento científico ni espiritual. Es, en todo caso, una coincidencia histórica que no debe convertirse en una certeza.
El llamado final del vocero de la Diócesis de Veracruz resume bien toda su postura: la fe y la preparación no están peleadas, al contrario, se complementan. Confiar en Dios no significa cruzarse de brazos esperando lo peor, sino actuar con responsabilidad, informarse bien y tomar las precauciones necesarias para proteger la propia vida y la de los demás.
Entre las recomendaciones implícitas que se desprenden del mensaje de la Iglesia, vale la pena recordar algunas medidas básicas de protección ante sismos:
"Hay que confiar en Dios, no dejarse ganar por el terror. El miedo pues es natural y hay que tratar de controlarlo".
En un entorno donde la información viaja más rápido que la verificación, el mensaje de la Diócesis de Veracruz cobra especial relevancia. Más que un llamado religioso, es una invitación a recuperar la calma con responsabilidad, a consumir información de fuentes confiables y a recordar que el miedo, cuando se gestiona bien, puede ser el primer paso hacia una mejor preparación.
Foto: EFE