De niño soñaba con ser bombero y hoy enfrenta las llamas en Veracruz

Imagen De niño soñaba con ser bombero y hoy enfrenta las llamas en Veracruz

Por: Inés Tabal
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Enrique Guazo Prieto lleva casi 9 años al servicio de la ciudadanía en el Cuerpo de Bomberos de Veracruz

Hay profesiones que no se eligen por conveniencia ni por salario, se eligen porque desde muy pequeño algo en el corazón ya lo había decidido.

Eso es exactamente lo que le pasó al suboficial Enrique Guazo Prieto, integrante del Cuerpo de Bomberos de Veracruz, quien desde niño soñaba con ponerse el traje y responder cuando otros huyen. Hoy, con 38 años y casi nueve de servicio activo, ese sueño sigue encendido.

En entrevista con XEU Noticias, Guazo Prieto compartió con orgullo y sencillez su historia dentro de la institución: sus miedos, sus anécdotas más marcadas y el mensaje que guarda para los más pequeños que lo ven pasar en el camión rojo.

De sueño de infancia a profesión de vida

Mientras otros niños imaginaban ser policías o militares, Enrique ya tenía claro su camino. No hubo un familiar que lo inspirara, ni una tradición familiar que lo empujara. Él es el primero de su familia en convertirse en bombero, lo cual hace que su historia tenga un peso todavía mayor.

Entró a la institución en 2018, cuando ya tenía 30 años, una edad que él mismo reconoce como "un poquito avanzada" para comenzar en este oficio. Pero eso no fue un obstáculo. La decisión llegó después de investigar, preguntar y convencerse de que era exactamente lo que quería hacer con su vida.

Hoy acumula 8 años y 8 meses de servicio como bombero activo en Veracruz, una trayectoria que lo ha formado tanto profesional como personalmente.

La familia que aprendió a soltar el miedo

Cuando Enrique tomó la decisión de unirse al cuerpo de bomberos, su esposa no estaba convencida. El riesgo constante que implica esta labor generó preocupación en casa desde el primer día, sin embargo, el tiempo hizo su trabajo.

"Mi esposa pues un poquito preocupada, de hecho ella no quería que yo entrara aquí por el riesgo que conlleva. Pero pues al final del día, a paso de los años se fueron acostumbrando a la labor que hace uno y pues ya está más tranquila. Ahorita ya hasta hay veces que se siente orgullosa de ver a su esposo", dijo el Suboficial Enrique Guazo Prieto

Esa transformación, de la preocupación al orgullo, resume bien lo que muchas familias de elementos de emergencia viven en silencio. Es un proceso que no ocurre de la noche a la mañana, pero que con el tiempo construye una complicidad única.

Lo que el fuego enseña que ningún libro puede

Dentro de la institución, Enrique destaca que la capacitación es constante y profunda. Los bomberos no solo aprenden a extinguir llamas, sino a leer los riesgos, entender la estructura de un incendio y tomar decisiones en segundos cuando el margen de error es mínimo.

Entre las experiencias que más lo marcaron, recuerda un incendio de grandes proporciones en contenedores dentro de un recinto portuario, un siniestro que demandó más de ocho horas de trabajo continuo junto a sus compañeros. Ese tipo de eventos, dice, dejan una huella que no se borra.

"Ese incendio estuvo un poquito grandecito, que demoró arriba de 8 horas ahí laborando todos los compañeros. Y pues que quieras o no se te queda ese punto marcado".

 

Y ante la pregunta inevitable, ¿qué pasa por la mente de un bombero en medio de una emergencia grave?

"Siempre vas a tener el miedo porque yo en lo personal tienes el miedo, pero eso no rebasa lo que tú tienes que hacer. Por eso tienes que estar capacitado con entrenamiento y todo para que guardes la cordura y la tranquilidad en el momento de la emergencia", dijo el Suboficial Enrique Guazo Prieto

Dar todo por nada: la definición más honesta de ser bombero

Cuando se le pide que describa lo que siente al pertenecer al Cuerpo de Bomberos de Veracruz, el suboficial Guazo Prieto no recurre a frases grandilocuentes ni a discursos ensayados. Lo dice con palabras propias, directas y cargadas de significado.

"Al final de cuentas es la abnegación, o sea, es dar todo por nada. Yo te puedo ayudar a ti, puedo ayudar a cualquier persona sin conocerla. Al final de cuentas es la vocación. Es la vocación".

 

No hay recompensa económica que equipare el riesgo. Lo que mueve a estos hombres y mujeres es algo más profundo: el sentido de servicio, la certeza de que su presencia importa cuando alguien más lo está perdiendo todo.

Un mensaje para los niños veracruzanos

Enrique cuenta que son los niños quienes con mayor frecuencia los saludan desde la banqueta cuando pasa el camión de bomberos, y eso, por sencillo que parezca, tiene un efecto real en quienes arriesgan su vida cada día.

"Cuando vean a los bomberos, por favor, salúdenlos los niños, porque muchas veces los niños son los que nos gritan, nos saludan y eso pues nos retroalimenta a nosotros".

 

Algo tan pequeño que recarga las energías de quienes hacen uno de los trabajos más demandantes y menos reconocidos del servicio público en Veracruz.

La historia del suboficial Enrique Guazo Prieto no es extraordinaria por ser única. Es extraordinaria precisamente porque hay decenas de hombres y mujeres como él, anónimos, constantes, que cada turno se ponen el equipo y salen a proteger a personas que jamás sabrán su nombre. Y aun así, lo hacen. Cada vez.

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