Educar a un hijo nunca ha sido tarea sencilla, y muchos padres veracruzanos se enfrentan día a día a conductas que no saben cómo interpretar ni manejar. Berrinches, silencios, gritos, aislamiento... señales que, más que caprichos, esconden emociones que los pequeños aún no saben cómo expresar con palabras. Para ayudar a descifrar ese lenguaje invisible, el psicólogo Píndaro Vargas Miranda, quien colabora con el programa de salud mental de la Cruz Roja, compartió una plática orientada a padres de familia con el tema "Entendiendo las conductas de mi hijo".
La iniciativa forma parte de los esfuerzos institucionales por acercar herramientas de inteligencia emocional a las familias, y está dirigida a padres con hijos a partir de los tres años. El mensaje central es claro: antes de juzgar el comportamiento de un niño, hay que entender qué emoción hay detrás de él.
Uno de los puntos más importantes que destacó Vargas Miranda es que las emociones no se pueden ver directamente, pero sí se manifiestan a través de las acciones. Un niño que no quiere comer, que llora sin razón aparente o que se aparta de los demás, está enviando una señal que los padres deben aprender a leer.
"Podemos nosotros ver acciones, pero no podemos ver emociones. Puedo ver sus conductas de hacer un berrinche, pero no sé realmente la emoción a qué se debe que está haciendo este berrinche".
Píndaro Vargas Miranda, psicólogo del programa de salud mental de Cruz Roja
El especialista explicó que los niños, especialmente los más pequeños, no cuentan aún con el vocabulario emocional necesario para decir "estoy triste", "me siento solo" o "tengo miedo". Por eso, su cuerpo y su comportamiento se convierten en su único canal de comunicación disponible. Reconocer eso es el primer paso para responder con empatía en lugar de con desesperación.
Un aspecto que llamó especialmente la atención durante la plática fue la responsabilidad que tienen los adultos en moldear las conductas de sus hijos, muchas veces sin darse cuenta. Según Vargas Miranda, los niños aprenden imitando lo que ven en casa, y si lo que observan es que gritar funciona para obtener lo que se quiere, eso es precisamente lo que replicarán.
"Un padre que grita y obtiene resultados por gritar, va a dar como una consecuencia un niño que cree que de esa manera puede obtener las cosas y va a ser un niño poco tolerante".
Píndaro Vargas Miranda, psicólogo del programa de salud mental de Cruz Roja
Por eso, el psicólogo insistió en que cuando un hijo presenta conductas difíciles, la pregunta no siempre debe ser "¿qué le pasa a mi hijo?", sino también "¿qué estamos haciendo nosotros como padres?" Eso no implica culpa, sino conciencia. Y esa conciencia es la que abre la puerta al cambio.
"Los que realmente tenemos que tomar cursos o tomar medidas al respecto somos los padres. El niño al final está reaccionando ante una inconformidad".
Píndaro Vargas Miranda, psicólogo del programa de salud mental de Cruz Roja
Otra de las preguntas más frecuentes entre los papás tiene que ver con los tiempos: ¿es demasiado tarde para llevar a mi hijo a terapia? Vargas Miranda fue directo al respecto. Hasta los 12 años, la conducta de un niño sigue siendo moldeable desde el punto de vista emocional. Sin embargo, aclaró que eso no significa que a partir de esa edad todo esté perdido, sino que el enfoque debe adaptarse a los cambios que trae consigo la pubertad.
Conforme los niños crecen, también cambia su manera de ver el mundo. La personalidad, explicó el especialista, se transforma aproximadamente cada seis meses en respuesta a nuevas circunstancias. Eso significa que siempre van a surgir conductas nuevas que los padres deberán identificar y atender. La tarea no termina; evoluciona.
A los 12 años, agregó, los niños ya tienen un criterio más desarrollado y son capaces de entender de manera más consciente cómo sus emociones y conductas impactan en quienes los rodean. Es justamente ahí donde el acompañamiento emocional debe ser más cercano, no más distante.
Uno de los consejos más prácticos que compartió Vargas Miranda fue sobre cómo abordar la terapia psicológica. Según el especialista, el enfoque más efectivo no es llevar únicamente al niño que presenta la conducta problemática, sino involucrar a todos los miembros del hogar, incluidos los hermanos.
"Es como una desparasitación. No tiene caso que yo desparasite a uno si los que lo están contaminando, si el foco de contaminación sigue prevalente".
Píndaro Vargas Miranda, psicólogo del programa de salud mental de Cruz Roja
La metáfora, directa y clara, resume una idea fundamental: el entorno familiar completo influye en el desarrollo emocional de cada integrante. Trabajar solo con el niño mientras el resto del sistema familiar permanece igual tiene un impacto limitado. La intervención, cuando es posible, debe ser colectiva.
El objetivo final de este tipo de pláticas va más allá de resolver berrinches o conflictos puntuales. Lo que Cruz Roja y el psicólogo Píndaro Vargas Miranda buscan es sembrar las bases de una inteligencia emocional sólida en niños y familias veracruzanas, convencidos de que una sociedad más armoniosa se construye desde los hogares.
Para los padres que se sienten perdidos o agotados frente a las conductas de sus hijos, el mensaje es alentador: no están solos, y buscar orientación profesional no es señal de fracaso, sino de responsabilidad. Entender a tus hijos empieza por entenderte a ti mismo.