La muerte del diputado federal Zeyazen Escobar García sacudió al estado de Veracruz este fin de semana. El obispo de la diócesis, Carlos Briseño Arch, calificó el hallazgo del legislador como un hecho "muy triste".
Entrevistado este domingo por la mañana en la catedral de Veracruz, momentos antes de encabezar la misa de las 9:00 horas, situó en un contexto en un deterioro social y de violencia que, según su lectura, se ha instalado en la vida cotidiana del país.
Lejos de limitarse a expresar condolencias protocolarias, Briseño Arch fue directo con la sociedad veracruzana. Para el obispo, casos como el del diputado Escobar García no pueden volverse parte del ruido habitual, de esas noticias que se consumen rápido y se olvidan igual.
"Tenemos que estar un poquito más conscientes de las cosas malas y denunciarlas".
La indiferencia también es una forma de complicidad. En un contexto donde la violencia ha dejado de sorprender a muchos, el obispo insistió en que esa normalización es, precisamente, parte del problema.
Más allá del análisis social, Carlos Briseño Arch se refirió a la familia de Zeyazen Escobar García y dejó en claro que la Iglesia católica en Veracruz los acompaña en este momento de dolor. Sus palabras tuvieron un tono pastoral, de cercanía genuina con quienes atraviesan el duelo.
"En nuestras oraciones están nuestras oraciones por él, por sus familiares y para que el Señor le dé descanso eterno, pero sobre todo a sus familias también les dé la fortaleza que necesitan en estos momentos".
Briseño Arch, pidió explícitamente por el descanso eterno del legislador.
Hasta el momento, las instancias correspondientes no han dado a conocer las circunstancias precisas en las que se encontró el cuerpo del diputado federal, lo que ha generado especulaciones en redes sociales y entre la opinión pública.
"Bueno, es que no puedes dar juicios si no tienes elementos. Entonces es normal que no puedan dar juicios".
Incluso señaló que, en muchos casos, la reserva de información por parte de las autoridades no es opacidad, sino una medida necesaria para que las investigaciones lleguen a buen término sin que los pocos indicios disponibles se filtren y comprometan el proceso. Al mismo tiempo, pidió que las autoridades competentes puedan esclarecer los hechos, reconociendo que un servidor público, como cualquier otra persona, tiene derecho a la vida y a que esa vida sea defendida.
Al ser cuestionado sobre algunos episodios polémicos y hechos violentos en los que Zeyazen Escobar García estuvo involucrado durante los últimos meses, el obispo no esquivó el tema, aunque sí fue cuidadoso. Consideró que esos antecedentes deberán ser parte del análisis que realicen quienes llevan la investigación, sin que ello justifique ni explique por sí solo lo ocurrido.
Y en ese punto, Briseño Arch fue contundente con uno de los ejes de su mensaje:
"Ya vemos que la violencia no nos lleva a nada. Nosotros podemos decir que yo no estoy de acuerdo contigo, pero al mismo tiempo lo puedo decir con amor, no con odio ni con rencor ni agrediéndote ni haciéndote daño". Carlos Briseño Arch, obispo de Veracruz
El jerarca católico, subrayó que la diferencia de opiniones, los conflictos políticos y las disputas personales no pueden resolverse con violencia. Ese debería ser un principio básico, aunque la realidad cotidiana diste mucho de cumplirlo.
El obispo de Veracruz ofreció lo que, desde su perspectiva, es el origen profundo de muchos de los hechos graves de violencia que sacuden al país.
Según Carlos Briseño Arch, en muchos de estos casos la raíz se encuentra en la falta de caridad: esa ausencia de empatía, de disposición para ponerse en el lugar del otro y reconocer su humanidad, incluso cuando hay desacuerdo o conflicto. Es un diagnóstico que, más allá de su dimensión religiosa, interpela a toda la sociedad.
La muerte del diputado federal Zeyazen Escobar García sigue siendo investigada por las autoridades. Por ahora, la iglesia católica en Veracruz ha elegido un camino claro: acompañar a la familia, pedir justicia y recordarle a todos que la violencia, sea cual sea su forma, no puede convertirse en la respuesta aceptada ante los problemas que nos dividen.