Ansiedad en niños: cuándo preocuparse y cómo ayudarlos

Imagen Ansiedad en niños: cuándo preocuparse y cómo ayudarlos

Por: Luis Alberto Luna Ramírez
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El psicólogo Arturo Cadenas explica señales de alerta, edades de riesgo y por qué buscar ayuda profesional es clave

Que un niño sea "berrinchudo", tenga pesadillas frecuentes o se orine en la cama puede parecer algo normal para muchos papás. Pero detrás de esas conductas puede haber algo más serio: ansiedad infantil. El psicólogo clínico Arturo Cadenas Andrade habló sobre este tema y dejó claro que este trastorno no es exclusivo de los adultos, y que entre más pronto se detecte, mejor.

Desde los tres o cuatro años, los niños ya pueden sentir ansiedad

Una de las primeras dudas que surge entre los padres es si realmente un niño pequeño puede sufrir ansiedad. La respuesta, según el especialista, es sí. Aunque no existe una edad exacta, Cadenas Andrade señala que alrededor de los tres o cuatro años, cuando el niño comienza a hablar, a hacer preguntas y a relacionarse con su entorno, ya tiene la capacidad de interpretar situaciones y asignarles un significado emocional.

No se trata solo de lo que el niño ve o escucha de manera directa. También influye cómo fue educado, qué tan estimulado estuvo desde pequeño y qué herramientas emocionales le han dado en casa. Un ambiente familiar poco funcional, con episodios de violencia, abuso o dinámicas dañinas, puede deteriorar el estado emocional de un menor desde etapas muy tempranas.

"Cuando el niño empieza ya a hablar, a hacer preguntas, empieza a relacionarse, es cuando el niño tiene mayor probabilidad de poder interpretar una situación".

Arturo Cadenas Andrade, psicólogo clínico

Miedo versus ansiedad: no son lo mismo

El psicólogo hace una distinción importante que conviene entender: el miedo y la ansiedad son emociones distintas, aunque están relacionadas. El miedo surge ante una situación presente que percibimos como amenazante, algo que creemos que no podemos enfrentar. La ansiedad, en cambio, va un paso más allá.

"La ansiedad se alimenta con el miedo, pero es cuando creemos que lo que va a suceder, propiciado por un miedo, va a ser peor de lo que es el miedo".

Arturo Cadenas Andrade, psicólogo clínico

Con un ejemplo concreto lo explica mejor: un niño que vive violencia en casa no solo sufre cuando ocurre un episodio, sino que empieza a vivir con la angustia constante de que volverá a suceder. Esa anticipación del dolor es, precisamente, la ansiedad.

Las señales que los papás no deben ignorar

Uno de los grandes retos de la ansiedad infantil es que los niños no tienen las palabras para decir "me siento angustiado" o "tengo miedo de lo que va a pasar". Por eso, el malestar emocional se expresa de otras formas, muchas veces confundidas con mal comportamiento. Cadenas Andrade enlista algunas señales de alerta que deben llamar la atención de los padres:

  • Terrores nocturnos y pesadillas frecuentes, que interrumpen el sueño del niño de manera repetida.
  • Enuresis, es decir, que el niño se orine en la cama o en la ropa siendo una edad en la que ya no debería hacerlo.
  • Conductas agresivas o de bullying en la escuela, que pueden ser una forma de liberar la tensión interna.
  • Actitudes desafiantes o de oposición constante frente a adultos y figuras de autoridad.
  • Dificultad para expresar emociones o hermetismo ante situaciones que claramente lo afectan.

El especialista hace énfasis en algo que muchos padres hacen de forma instintiva pero que puede ser contraproducente: castigar estas conductas en lugar de investigar su origen. Cuando un niño se comporta de manera agresiva o desafiante, la primera respuesta no debería ser el castigo, sino la búsqueda de orientación profesional.

La cultura del "aguántate" también pasa factura

Hay un factor cultural que agrava el problema, especialmente en los niños varones. Cadenas Andrade aborda sin rodeos cómo ciertos mensajes que se transmiten de generación en generación, como la idea de que los hombres no deben llorar ni mostrar vulnerabilidad, terminan creando adultos incapaces de reconocer o expresar su malestar emocional.

"Me vuelvo hermético. Tengo un malestar, no lo hablo. ¿Por qué? Porque el hablarlo significa que me va a hacer débil".

Arturo Cadenas Andrade, psicólogo clínico

Este patrón, que se aprende desde la infancia, no solo impide que los niños pidan ayuda cuando la necesitan, sino que los lleva a normalizar el sufrimiento como algo que simplemente hay que soportar. Romper con esa dinámica, dice el psicólogo, es parte fundamental de la salud emocional.

La ansiedad no te mata, pero sí se siente muy mal

Otro punto que el especialista subraya es la importancia de no estigmatizar la ansiedad, pero tampoco minimizarla. Hay quienes al escuchar el diagnóstico reaccionan con frases como "no exageres" o "échale ganas", invalidando lo que el niño o cualquier persona está viviendo. Y hay quienes se van al otro extremo y catastrofizan.

"No es el hecho de que normalicemos la ansiedad, pero no verla como algo que haya que estigmatizar. No te va a matar, pero sí se siente feo, con un malestar muy marcado en el cuerpo. Es algo que se puede tratar".

Arturo Cadenas Andrade, psicólogo clínico

La ansiedad, aclara Cadenas Andrade, tiene tratamiento. Y entre más pronto se atienda, mejor el pronóstico. La terapia con niños trabaja precisamente en desarrollar lo que se conoce como educación emocional: enseñarles a identificar lo que sienten, a ponerle nombre y a expresarlo sin miedo.

El primer paso es abrir la comunicación en casa

Antes de llegar con un especialista, hay algo que los papás pueden hacer desde hoy: crear en casa un ambiente donde hablar de las emociones sea seguro y bienvenido. Muchos niños, y también adultos, callan su ansiedad porque han aprendido que serán juzgados o minimizados.

Si un hijo muestra alguna de las señales mencionadas, lo más recomendable es no esperar a que "se le pase solo". Una evaluación con un psicólogo puede marcar la diferencia. No se trata de etiquetar al niño, sino de darle las herramientas que necesita para crecer emocionalmente sano. Como bien lo resume el especialista, normalizar buscar ayuda profesional es, en sí mismo, un acto de cuidado y de amor hacia los hijos.

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