El agua, las veladoras, el papel picado y el incienso tienen un significado especial en los altares de Día de Muertos. Aunque muchas familias colocan estos elementos cada año, no todas conocen el simbolismo que hay detrás de esta tradición mexicana.
El investigador Ricardo Cañas Montalvo explicó el origen y significado de los componentes de las ofrendas, una costumbre que combina creencias religiosas, memoria familiar y tradiciones que han cambiado con el paso del tiempo.
De acuerdo con Cañas Montalvo, el altar de muertos que se conoce actualmente tiene una base principalmente católica, aunque también incorporó elementos de las culturas indígenas mediante un proceso de sincretismo cultural.
La creencia popular sostiene que, durante estas fechas, las almas de los difuntos regresan para convivir con sus seres queridos y recibir simbólicamente los alimentos y objetos que disfrutaban en vida.
El número de niveles puede variar según la región y las costumbres de cada familia. Entre las representaciones más conocidas se encuentran:
Tres niveles: representan la tierra, el cielo y el purgatorio.
Siete niveles: simbolizan las etapas que debe atravesar el alma para llegar al cielo.
Nueve niveles: corresponden a una versión más elaborada, relacionada con distintas interpretaciones espirituales.
Cada componente del altar tiene un significado relacionado con la naturaleza y el recibimiento de las almas.
Agua: representa el descanso y la hidratación que necesita el alma después de su recorrido para llegar a la ofrenda.
Fuego: se representa con las veladoras, cuya luz sirve para orientar a los difuntos. Tradicionalmente, se coloca una por cada persona a quien está dedicado el altar.
Tierra: puede representarse con una cruz o un camino elaborado con tierra, piedras, aserrín o pétalos de cempasúchil.
Viento: está simbolizado por el papel picado, cuyos movimientos permiten representar este elemento. En la interpretación descrita por el investigador, el color morado representa la muerte y el naranja o amarillo, la vida.
Uno de los elementos destacados por Ricardo Cañas Montalvo es el incienso, generalmente de copal, cuyo aroma se relaciona con el camino que deben seguir las almas hasta llegar a la ofrenda.
“Ese elemento aromático va a constituir el camino de guía para que las almas lleguen hasta donde está el altar”, explicó el investigador al hablar de su importancia dentro de esta tradición.
La ofrenda también incluye los platillos y las bebidas que disfrutaba la persona fallecida. En los altares mexicanos pueden encontrarse tamales, frijoles, mole, tortillas, gorditas, picadas y otros alimentos preparados por las familias.
También se colocan objetos personales que permiten recordar a quienes ya no están, como lentes, herramientas, accesorios o artículos relacionados con sus pasatiempos.
En los altares dedicados a niñas y niños pueden incluirse juguetes, muñecas y otros objetos que los acompañaron durante su vida.
La flor de cempasúchil, con sus característicos tonos amarillos y naranjas, es uno de los símbolos más reconocidos del Día de Muertos. Sus pétalos suelen utilizarse para formar caminos hacia las ofrendas.
También se emplea la flor conocida como moco de pavo o garra de león, de tonalidades moradas, que dentro de esta interpretación representa la muerte. Ambas flores acompañan el simbolismo de la vida y la ausencia.
Aunque existen elementos compartidos, los altares no son iguales en todo México. En algunas regiones se construyen arcos que representan la entrada al espacio donde se recibe a las almas, mientras que otros incorporan elementos propios de las costumbres locales.
Las imágenes religiosas, como las de Cristo, la Virgen o algún santo de devoción familiar, también forman parte de muchas ofrendas, en consonancia con las raíces católicas que señala el investigador.
Así, el altar de muertos va más allá de una decoración de temporada: cada alimento, fotografía, vela y flor representa una forma de recordar a los seres queridos y mantener viva su memoria durante una de las tradiciones más arraigadas en México.