El Callejón del Líbranos Señor: la leyenda de la muerte que aterroriza al Veracruz antiguo

Imagen El Callejón del Líbranos Señor: la leyenda de la muerte que aterroriza al Veracruz antiguo

Por: Inés Tabal
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Una mujer cubierta con un velo, pequeñas luces que flotaban a su alrededor y un hombre que murió después de encontrarse cara a cara con la muerte. Esta es la leyenda del Callejón del Líbranos Señor, una de las historias más conocidas del Veracruz antiguo, relatada por el investigador e historiador Ricardo Cañas Montalvo.

El especialista explicó que, durante la época colonial, las calles del puerto recibían sus nombres a partir de acontecimientos, personajes u objetos relacionados con cada lugar.

“Las calles del Veracruz antiguo tenían un nombre de origen toponímico, es decir, de algo que había sucedido en el lugar o que hay alguien famoso que vivía en el lugar o de algún objeto trascendental que estaba en el sitio”, explicó.

El Callejón del Líbranos Señor se encuentra entre las calles Juárez y Lerdo, desde 5 de Mayo hacia Madero. En aquella época, conectaba con la antigua Avenida de las Damas y llegaba hasta la muralla de la ciudad, donde se encontraba el Baluarte de San Javier.

 

Según la tradición oral, aquel sitio era considerado la puerta de entrada de la muerte a Veracruz.

“Se habla que allí estaba el portal o la puerta de entrada de la muerte a esta ciudad”, relató Cañas Montalvo.

La historia tiene como protagonista a don Luis Vázquez de Guzmán, un español descrito por el investigador como “mujeriego, parrandero, jugador, aventurero”, quien una noche salió de una fiesta y se encontró con una misteriosa mujer.

Eran aproximadamente las once de la noche. En aquel entonces, las calles estaban prácticamente a oscuras y apenas se iluminaban con pequeñas lámparas de aceite.

Don Luis vio a una mujer que caminaba rápidamente por la Avenida de Las Damas, de sur a norte. Pensó que regresaba de un encuentro secreto y decidió seguirla para cortejarla.

“Él comenzó a cortejarla, a decirle palabras bonitas, pero por más que quería alcanzarla, no podía llegar hasta ella”, contó el historiador.

Mientras la seguía, el hombre observó unas pequeñas luces que flotaban alrededor de la desconocida y detrás de ella. Al principio, pensó que se trataba de luciérnagas.

La mujer dobló hacia el callejón y se detuvo a la mitad del pasaje, de espaldas a su perseguidor. Don Luis se acercó poco a poco, atraído por el agradable perfume que despedía.

Sin embargo, cuando estuvo a poco más de un metro de distancia, todo cambió.

“Él sintió que ese hermoso perfume se había convertido en un espantoso hedor de muerte y putrefacción. El hermoso vestido que ella portaba se veía ropa vieja y sucia”, relató Cañas Montalvo.

La mujer comenzó a girarse hasta quedar frente a él. Lo tomó de la mano y, mientras el hombre sentía el frío de aquella figura, ella se quitó el velo.

“Se quitó el velo y era la muerte”, afirmó el investigador al narrar el momento más aterrador de la leyenda.

Don Luis logró soltarse y escapó del callejón. Al pasar cerca de las pequeñas luces que acompañaban a la mujer, comprendió qué eran en realidad.

“Se dio cuenta que eran las almas de la gente que se estaba llevando”, explicó Cañas Montalvo.

Según la leyenda, cada vez que aquella mujer aparecía, aumentaban las muertes en la ciudad, lo que reforzaba la creencia de que ese callejón era el lugar por donde la muerte entraba al puerto.

Aterrorizado, don Luis corrió hacia la Avenida de las Damas, donde se encontró con uno de los serenos, los vigilantes nocturnos que recorrían las calles con lámparas de aceite y anunciaban la hora con un pregón característico.

“Son las 12 y todo sereno”, gritaban durante sus recorridos nocturnos.

El español alcanzó a contarle al vigilante lo que había visto, pero cayó muerto en ese momento. El sereno hizo sonar su silbato para pedir ayuda, mientras los vecinos abrían sus ventanas para averiguar qué había sucedido y, al ver la escena, las cerraban de inmediato.

Al día siguiente, el cura vicario de la ciudad acudió al lugar, roció agua bendita por todo el callejón y ordenó colocar un letrero con la frase: “Líbranos, Señor, de todo mal”.

De acuerdo con el investigador, a partir de entonces el pasaje comenzó a ser conocido con ese nombre, que conservó durante más de un siglo.

“Un callejón de la ciudad de Veracruz obtuvo su nombre en base a una leyenda”, señaló Cañas Montalvo.

El historiador agregó que la historia de don Luis no fue la única que alimentó el temor de los habitantes, pues, según la tradición oral, otras personas aseguraban haber visto a la mujer del velo entrar al mismo callejón acompañada de las pequeñas luces.

Así, entre los relatos transmitidos de generación en generación, el Callejón del Líbranos se convirtió en parte de las leyendas más representativas del Veracruz colonial, una historia que aún despierta curiosidad entre quienes recorren las calles del centro histórico.

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Foto: archivo 

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